La solvencia de la economía española

            Un cierre de ejercicio 2024 con un crecimiento del 3,2%. La mitad de ese crecimiento, debido al consumo privado. Y éste explicable por el dinamismo del mercado laboral, con la creación de casi 500 mil puestos de trabajo, una disminución de la tasa de paro a poco más del 10%, y un crecimiento demográfico relevante. Una economía con expansión de las exportaciones de servicios, con una aportación al PIB de 0,4 puntos por parte del sector exterior. Y sin desequilibrios financieros: mantenimiento de la deuda privada, la que nuclea hogares y empresarios (125% sobre PIB; la media de la zona euro se sitúa en 153%); y de la deuda pública, que alcanza casi el 102% sobre PIB.

            Estos son los fundamentos para el desarrollo económico de 2025, en un entorno caracterizado por una elevada incertidumbre, y en el que los pronósticos están sujetos a revisiones constantes. Sin embargo, importantes instituciones económicas –Banco de España, FMI, CaixaBank, Funcas, entre otras– subrayan una posible prospectiva: España seguirá en esa senda robusta de crecimiento. El primer trimestre de 2025 se ha inaugurado con un aumento en la afiliación a la Seguridad Social, a una tasa media del 0,2%: buen inicio. Las horas trabajadas han aumentado (3,5% en términos interanuales), con incrementos de la productividad por ocupado y de la productividad por hora efectiva, con datos del INE y del Ministerio de Inclusión, Seguridad Social y Migraciones. Los indicadores PMI (Purchasing Manager Index, que incluye encuestas e informes mensuales en empresas del sector privado) tienen comportamientos positivos en el inicio de 2025, con ratios superiores al índice 50, es decir, el umbral que determina que estamos en una fase expansiva, tanto en pedidos de exportación de manufacturas como en el caso de los servicios. En tal contexto, las entidades económicas se han apresado en variar al alza las previsiones de crecimiento para España en 2025, una situación que ha sido igualmente remarcada por publicaciones relevantes en el campo de la economía (The Economist, Financial Times).

            En efecto, los cálculos que hacemos los economistas deben estar presididos por la cautela en un contexto tan problemático como el actual, explicable tanto por la guerra de Ucrania, la de Oriente Próximo –cuya radicalización podría tensionar al alza los precios del petróleo–, como por las medidas de la administración Trump en el capítulo de aranceles y de enorme trasiego internacional. No obstante, las bases sólidas que antes hemos delineado facilitan llegar a conclusiones concretas. La previsión del crecimiento económico para España se puede situar entorno al 2,5% –el dato casi cuadriplica el establecido para la media de la UE– toda vez que los impactos de los aranceles sobre nuestra estructura económica pueden suponer un ajuste aproximado de apenas 0,1 puntos porcentuales, por la menor exposición de la economía española a la estadounidense. En paralelo, la inversión relacionada con los fondos NGEU suponen un acicate al crecimiento, máxime si se tiene en cuenta que, en tasas inter-trimestrales, las inversiones en bienes de equipo en el cuarto trimestre de 2024 crecieron un 7,6%, según datos del Banco de España y del INE. A su vez, se ha detectado un aumento en el ahorro de los hogares (más de un 14%). Ambos factores –inversión y ahorro– han de incidir en positivo sobre la demanda agregada. Este proceso dinámico y solvente se incardina, además, en una evolución controlada de los precios. De hecho, las instituciones consultadas prevén una moderación en la inflación: entorno al 2,5% en el curso del presente año, hasta llegar al umbral del 2% en 2026.

            Esta demostrada solvencia económica, con variables que provienen de fuentes públicas y privadas de toda credibilidad y rigor, coloca la economía española en una posición más sólida en contraste con otras economías de la zona euro. Los avatares internacionales son los que pueden trastocar o matizar los indicadores expuestos. La prudencia debe ser una guía. Pero no debería ignorarse este panel de datos que refuerza la política económica desplegada, con resultados incontestables.

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