El Mediterráneo y sus islas: un frágil ecosistema en transformación. Presentación en el Club de Roma, 18 de mayo de 2021

Publicado en ECONOMÍA Y ECOLOGÍA | Deja un comentario

Circularidad de la economía

Circularidad en economía: el gran reto

            Conectar la economía con las ciencias de la naturaleza, he aquí un reto importante para los científicos sociales: enlazar biología y termodinámica con la economía, matizando el exceso de formalismo matemático y enfatizando factores de carácter cualitativo. La capacidad de relacionar la crematística y la economía –en el sentido aristotélico de tales conceptos– es lo que puede proporcionar una clave interpretativa mucho más ajustada de la evolución de la economía. Sin embargo, no puede decirse que no se hayan prodigado estudios sobre esa estrecha relación, si bien con metodologías y planteamientos teóricos muy distintos. Los resultados se han cultivado sobre todo en el ámbito académico y, en algunos casos, se han trasladado ideas y reflexiones a la política activa. Los aspectos tratados pueden agruparse en sendos bloques: temas que atañen a la economía ambiental; y los que se sumergen en la economía ecológica. En el primer caso, el instrumental aplicado es el neoclásico, orientado a aspectos como, por ejemplo, la disposición a pagar para mantener un determinado recurso natural o paisajístico y aproximaciones a su valoración económica. En el segundo, se han utilizado datos no crematísticos, de carácter biofísico –consumo territorial, producción de residuos, contaminación, etc.–, sin traslación directa a los precios. La distinción entre precio y valor es aquí muy significativa, de forma que indicadores, como, por ejemplo la huella ecológica, se han hecho presentes en el ámbito de las ciencias sociales. Estas investigaciones no han inferido, empero, la asunción de sus resultados en las políticas públicas. Pero urgen magnitudes específicas que faciliten la toma de decisiones. Su culminación permitiría traspasar la cortina entre la investigación y su aplicación; el ascenso, en definitiva, a la política económica.

            La confección de indicadores responde a ese reto. Pero los fundamentos bibliográficos sobre estas cuestiones son abundantes. De todas las contribuciones, la visión de las leyes de la termodinámica se convierte en una encrucijada –y un acicate– para los científicos sociales. Aquí, de nuevo, la ligazón entre economía y ciencias naturales emerge con solvencia. En tal sentido, la asimilación de los principios de la termodinámica a la economía, propuesta en 1974 por el economista rumano Nicholas Georgescu-Roegen, significa asumir –o tener muy en cuenta– las reglas que provienen de la biología, la física y la química. Este autor aboga por una ampliación en el análisis de los procesos económicos –incorporando métodos y teorías provenientes de las ciencias de la naturaleza–, con un corolario claro: el crecimiento económico provoca desorden en todos los ámbitos y, obviamente, en el entorno ambiental. De ahí que sea transcendental una disección precisa sobre los impactos ecológicos que promueve un determinado tipo de crecimiento, y que sea importante realizar mediciones que no se circunscriban a los parámetros convencionales en la economía académica. Así, las investigaciones que se han desarrollado detallan aspectos importantes como las calidades de los suelos, la posible incidencia del clima en la estructura económica, la transformación económica y ecológica del paisaje, entre otros. La imbricación social de esos aspectos es absoluta, y los economistas e historiadores económicos los han trabajado; la proximidad cronológica facilita la disponibilidad de datos de mayor robustez para realizar análisis económico, con esta perspectiva ambiental. Se consideran unas ideas esenciales –a partir de las tesis de Georgescu-Roegen– que abogan por un cambio metodológico:

  • Una crítica al mecanicismo económico, es decir, a una óptica lineal, atemporal, de la evolución económica, de manera que los elementos cualitativos sean considerados como claves explicativas, auxiliados por las matemáticas, pero sin el sometimiento a su excesivo formalismo –a veces con escaso contenido– que impera en la enseñanza e investigación en economía;
  • La idea de evolución, en clave biológica; o sea, la relevancia del dato histórico, de la trayectoria, del tiempo;
  • La adopción del concepto de entropía, derivado de la termodinámica, un argumento que implica la tesis de la irreversibilidad –e incluso del carácter irrevocable– de los procesos económicos.

El cambio es sustancial. Pero contribuye a enriquecer, técnica y conceptualmente, al análisis de la economía. Éste pasa de una fase mecanicista, de flujo circular cerrado, a otra holística, en la que el economista está impelido a dialogar con otras disciplinas para entender mucho mejor lo que acontece en la suya propia. He aquí el germen de la circularidad en la economía. De esta forma, conceptos esenciales como productividad y competitividad –que invariablemente se invocan en la economía– se refuerzan con otros que tienen mayores porosidades con los de la física, la química y la biología: capacidad de carga, eficiencia, eficacia, huella ecológica, intensidad energética, son muestras al respecto. El esfuerzo para el economista es innegable: su cuadro de lecturas se amplifica, sus necesidades de conocimientos –aunque éstos puedan ser indiciarios– se reafirman, desde el momento en que se “aprehende” que el material con el que se trabaja es de gran complejidad, presidido por la incertidumbre: el comportamiento humano. El vector temporal y la movilidad de factores constituyen características básicas, que proporcionan profundidad y mayor rigor –más proximidad a la realidad que se estudia– a los análisis. Y, por supuesto, se infiere la modestia necesaria para matizar la estrategia mecanicista que sustenta la predicción en economía. La incertidumbre y el azar se hallan presentes en la cosmología económica; esto se contradice con los preceptos de la utilidad del consumidor, de la simetría de la información –que impediría los altibajos inherentes al azar y a los fenómenos caóticos– y del encuentro armonioso de familias y empresas en los mercados. Al mismo tiempo, otro elemento es considerado determinante: el tecnológico. Éste aparece en los modelos económicos más divulgados –y exigidos en buena parte de las investigaciones en economía– de manera acrítica. Es algo esperado que será capaz de resolver, casi sin discusión, cualquier reto que nos planteemos, incluyendo el relevo de recursos naturales, de manera que esto conduce a una fe ciega, a una confianza imbatible en el progreso tecnológico, resolutivo de los graves problemas que sacuden y cuestionan el crecimiento económico.

En los medios de comunicación aparecen recurrentemente artículos firmados por académicos que van en esa dirección optimista, hasta el punto de hablar de una economía de la abundancia, donde la escasez desaparecería gracias al impulso de la ciencia y de la tecnología. Los ejemplos que suelen argüirse son variados: la obtención de energía limpia, el desarrollo de las renovables, supondría, según tales previsiones, un mundo de energía infinita a coste casi cero. La síntesis artificial de alimentos constituye otro campo en dicho avance: la generación de comida infinita, creada en laboratorio, a partir de células madre y a costes exponencialmente decrecientes; esto afectaría igualmente a la producción de carne sintética creada sin animales. “Si dejamos que la fuerza de la tecnología siga actuando, podemos aspirar a un futuro esperanzador, en el que la riqueza de los países no dependa de pozos de petróleo, sino de su talento y de la fuerza del sol; y en el que la alimentación, información, energía, educación y sanidad se produzcan a coste marginal cero, y su acceso sea, por tanto, universal”. Esta confianza acrítica, absoluta, en los progresos técnicos elude el funcionamiento, precisamente, de los principios físicos de la termodinámica, toda vez que para obtener la mayor cantidad posible de energía solar se van a necesitar importantes stocks de capital cuya generación va a requerir el consumo de la energía convencional en sus primeros estadios (el entrecomillado es de un artículo de Xavier Ferràs, “La economía de la abundancia”, suplemento Dinero de La Vanguardia, 20 de agosto de 2017). La filosofía que impregna estas ideas proviene de los discursos más asimilados por la economía académica, bajo dos preceptos: la existencia de recursos infinitos (de manera que se resta importancia a la escasez de minerales); y lo que se ha venido a calificar como teorías energéticas del valor, es decir, la tesis de que el desarrollo científico proporcionará toda la energía necesaria para reciclar, de forma que el ambiente seguirá siendo natural y sustentará el crecimiento económico continuo. Se concluye que los materiales no son ni serán un problema, toda vez que pueden ser reciclados por mucho que se disipen. Es el “dogma energético” criticado por Georgescu-Roegen; a su vez, señala que lo que caracteriza a un sistema económico son sus instituciones y no la tecnología que utiliza.

            Los preceptos de circularidad en economía deben tener en cuenta los elementos que acabamos de exponer. El economista, el ingeniero, el geógrafo, el físico, el químico, el biólogo, el sociólogo, el historiador…diferentes especialidades para trabajar, conjuntamente, para un fin común, aportando cada una de esas parcelas factores esenciales para explicar el “todo”, holísticamente. La economía circular no puede ser, entonces, un puro eslogan que queda bien. Si se quiere trabajar científicamente bajo esa denominación, el esfuerzo deberá ser comunitario, compartido, colaborativo. He aquí el gran reto, el desafío a encarar.

Publicado en ECONOMÍA Y ECOLOGÍA | Deja un comentario

Texto de la ponencia: Política económica en tiempos de pandemia: inversión productiva y des-carbonización energética.

Publicado en CORONAVIRUS Y ECONOMÍA | Deja un comentario

Presentación de la ponencia: Política económica en tiempos de pandemia: inversión productiva y des-carbonización energética

Jornadas organizadas por el CENTRO DE INVESTIGACIONES SOCIOLÓGICAS, con participación de Antón Costas, Victoria Camps, Adela Cortina, Ángel Gabilondo, José Félix Tezanos, entre otros ponentes.

Madrid, 19-23 de julio

Publicado en CORONAVIRUS Y ECONOMÍA | Deja un comentario

Publicación en Sustainability, sobre otra medición de la economía catalana

Este trabajo de investigación adopta la misma metodología que la que impulsamos para la economía balear, y que se publicó en Symphonya, Emerging Issues in Management, 1, 2021 symphonya.unicusano.it. PUEDE VERSE EN ESTE MISMO BLOG, EN UNA ENTRADA ANTERIOR.

Publicado en ECONOMÍA Y ECOLOGÍA | Deja un comentario

Hacia un orden nuevo

La crisis de la COVID-19 ha empujado, a pesar de las reticencias de los postulados convencionales en economía, hacia un orden nuevo que descansa sobre seis fundamentos:

  • Una política de estímulos fiscales,
  • La preocupación por la deflación,
  • La progresividad fiscal,
  • La regulación de los movimientos de capital,
  • La existencia de déficits públicos,
  • El incremento de la deuda pública.

La inquietud es la misma que presidió la revisión del paradigma del patrón oro en los años 1930. Entonces, las tesis de Keynes y de sus seguidores eran tesis tentativas, no probadas, que provocaban resquemor, como indica Zaharias Carter en su reciente trabajo sobre el economista de Cambridge (El precio de la paz, Paidós, Barcelona, 2021). Pero ahora ya tenemos suficientes pruebas empíricas para saber qué funciona y qué no. Y cuáles son las afectaciones sociales.

El desafío de los fondos europeos va a ser una prueba crucial, en un contexto de crisis. Recordemos que los principales determinantes de una recesión se hallan en la inversión y el consumo, y se derivan de cambios en la demanda agregada. Así, el efecto acelerador y el efecto multiplicador son los vectores que inician la recesión, debido al papel que juegan los componentes autónomos de la demanda agregada. Es decir, la inversión pública acaba induciendo la inversión privada y la demanda; su retroceso genera efectos negativos sobre el gasto privado y el consumo. Esto es lo que empíricamente demuestran estudios de investigación (C. Manera-F. Navinés-J. Pérez Montiel-J. Franconetti (2021): “Capital productivity and the wage share in the United States: a keynesian approach”, Journal of Post-Keynesian Economics, de publicación inminente). Los gobiernos inducen y también invierten en el sector privado; por tanto, no sería desaconsejable que esa inversión pudiera tener algún retorno, algún rédito, en función de las acciones o de la cuota inversora. Esos retornos podrían utilizarse para financiar nuevas innovaciones en el futuro. Los gobiernos deben marcar más sus reglas del juego, sus exigencias ante su planificación inversora que redunda en el tejido privado, máxime cuando se trata de subvencionar, ayudar o rescatar empresas e incluso sectores casi enteros. Entre estas exigencias, cabe citar formar a los trabajadores, más inversión privada en I+D y reducir externalidades ambientales. La inversión pública es una herramienta decisiva para la recuperación económica.

Un aspecto queda pendiente de interpretación: las finanzas. Los retos que se infieren de esta nueva etapa de desarrollo capitalista suponen incrementos en el gasto público y, por tanto, en la expansión de la deuda pública mientras el crecimiento económico se sitúe por debajo de su capacidad real. Este va a ser un tema importante en los años venideros, por la dimensión del cúmulo de deudas públicas que, además, asumen una parte de las privadas. Los bancos centrales deberán encarar el tema, al margen de la progresión de la economía, de la misma manera que trabajan en esferas que podían parecer inhóspitas para los reguladores (como por ejemplo, los impactos del cambio climático o los desafíos demográficos).

Publicado en CAPITALISMO | Deja un comentario

A vueltas con el capitalismo

La profesora Mariana Mazzucato escribe, de forma vehemente, sin concesiones, en sus dos últimos libros (Misión Economía. Una guía para cambiar el capitalismo, Taurus, Madrid, 2021; y No desaprovechemos esta crisis, Galaxia Gutenberg, Madrid, 2021): se debe pasar del capitalismo de accionistas al capitalismo de partes interesadas, según su propia acepción. Tales afirmaciones, bien desarrolladas, hacen temblar las tesis de Milton Friedman y de su Chicago School. Pero existe una premisa concreta de partida, que no debe olvidarse: la disfuncionalidad del sistema económico, que se ha remarcado por parte de instituciones económicas de todo tipo y también por economistas y científicos sociales. Esta disfunción se puede especificar en cinco ámbitos:

  • El cortoplacismo del sector financiero;
  • La financiarización de las empresas;
  • La emergencia climática;
  • La existencia de gobiernos lentos o ausentes;
  • El desarrollo de la desigualdad.

Frente a esto, el capitalismo se repiensa. Como se decía, los científicos sociales ofrecen diagnósticos, revisiones, explicaciones de carácter sistémico, a parte de sus aportaciones publicadas en palestras más académicas. Pero incluso las instituciones económicas más ortodoxas se interrogan sobre la evolución del sistema. Así, para el Financial Times, “el modelo capitalista liberal ha brindado paz, prosperidad y progreso tecnológico durante los últimos cincuenta años (…) Pero en la década posterior a la crisis financiera mundial, el modelo está en cuestión, principalmente por centrarse en maximizar las ganancias y el valor de los accionistas. Es la hora de un reinicio” (https://aboutus.ft.com/press_release/ft-sets-the-agenda-with-new-brand-platform).La plataforma Business Roundtable, que reúne a 200 grandes empresas de Estados Unidos, emitió un comunicado en el que se propugnaba redefinir los objetivos corporativos, abogando por abandonar el dogma de que el interés del accionista debe prevalecer sobre cualquier otro. Proponen situar al accionista al mismo nivel que los trabajadores, los clientes, los proveedores y las comunidades. Y rematan: “Hay que proteger el medio ambiente y fomentar la diversidad, la inclusión, la dignidad y el respeto” https://www.businessroundtable.org/business-roundtable-redefines-the-purpose-of-a-corporation-to-promote-an-economy-that-serves-all-americans). Sorprendente. No nos animemos: la duración de este paradigma es incierta. Pero tampoco será fácil revertirla.

Cuando existen crisis verdaderamente letales para el sistema económico, como la Gran Depresión (1929) la Gran Recesión (2008) o la Gran Reclusión (2020), los economistas abren su caja de herramientas y tratan de buscar nuevos instrumentos, o adaptar los ya conocidos, para aplicar a la economía cuando la crisis es considerada como muy grave. Porque repensar el capitalismo para evitar unos desequilibrios que son intrínsecos al propio sistema (esto nos lo enseñó Hyman Minsky: Estabilizando una economía inestable, Profit, Madrid, 2018), va a remarcar la perentoriedad por variar las pautas, las reglas y los condicionantes. Un cambio de paradigma para replantear el sistema económico…¿hasta cuándo?

Publicado en CAPITALISMO | Deja un comentario

El poder de los algoritmos

Publicado en ECONOMÍA Y TECNOLOGÍA | Deja un comentario

Digitalización, robotización y economía. Ponencia presentada en la UPEC, Barcelona, 30 de junio de 2021

Publicado en ECONOMÍA Y TECNOLOGÍA | Deja un comentario

La inversión, palanca de crecimiento

En doce años (2008-2020) estamos viviendo sendas crisis que no desmerecen la Gran Depresión de los años 1930. Por fortuna, tenemos ahora redes de protección que en esa década no se disponían. La economía siempre ha aprendido de estos dramáticos procesos. La crisis del coronavirus puede ser un marco que promulgue que es posible crecer de otra forma, a la vez que se apuntalen mejores condiciones para enfrentarnos a otra futura crisis de naturaleza biológica, tal vez inducida por las consecuencias del cambio climático.

La crisis vírica ha puesto de manifiesto tanto la debilidad de nuestra economía y sistema de protección social, como la necesidad de superarla mediante la acción colectiva planificada, solidaria y en cooperación con el resto del mundo. Y aquí la inversión pública debe jugar un rol fundamental, y contemplar tres aspectos centrales.

En primer lugar, la vocación de establecer nexos de colaboración con el sector privado de la economía, toda vez que sin esa cooperación público-privada se dificultarían los procesos. Ahora bien, en esa situación es determinante que el liderazgo corresponda a los gobiernos, a las administraciones, que pueden tener más capacidad de riesgo inversor en relación a las empresas privadas. Pero que, a su vez, deben marcar pautas de producción desde planteamientos estratégicos.

En segundo término, la estrategia de inversión debería canalizarse hacia objetivos claros, que enlacen con la des-carbonización económica. Es este un cajón amplio para proyectos que se encadenen entre ellos. En otras palabras: la necesidad de escoger entre iniciativas distintas y, por tanto, separar las que no encajen con los objetivos marcados. Esto infiere riesgos y, quizás, costes políticos. Pero la eficiencia y la eficacia de la inversión se debe medir en función del éxito de la misma en la consecución de los objetivos propuestos: he ahí la significación.

Un tercer factor se relaciona con los cambios técnicos que se deben afrontar, si se trata de transiciones energéticas, digitalización, movilidad sostenible u otros campos posibles. Urgen planteamientos de I+D+i que supongan explorar nuevas posibilidades tecnológicas, ya que existen aportaciones que alertan sobre los problemas del metabolismo ambiental, en el área de los metales (véase: Antonio Valero-Alicia Thanatia. Los límites minerales del planeta, Icaria, Barcelona). Estos son perentorios para toda una amplísima gama de productos de consumo; pero también para la construcción de nuevas centrales de energías alternativas y géneros y materiales de microelectrónica y comunicación telemática.

La inversión pública es una palanca vital, como garante de crecimiento y espoleta de la inversión privada. Ello infiere retos enormes: desde la elección de los objetivos de inversión, que se deben alinear con la lucha contra el cambio climático; las revisiones de las reglas macroeconómicas vigentes –umbrales de inflación, de déficit público, de deuda–; y la apuesta por la I+D+i que, sin retóricas ni utopías, centre esfuerzos en mejorar las alternativas existentes para transitar hacia otro modelo productivo, que implique agresiones ambientales menores y que encaje con los Acuerdos de París.

Publicado en POLÍTICA ECONÓMICA | Deja un comentario