Datos recientes sobre desigualdad en España señalan que se ha reducido desde la pandemia de forma destacable. Se aprecia una mejora de las rentas más bajas: del 10% más pobre. Sus ingresos, que cayeron mucho desde la Gran Recesión, han crecido más que el resto en estos últimos años. La publicación de la Encuesta de Condiciones de Vida del INE, en su apartado de población en riesgo de pobreza o exclusión social (tasa AROPE), confirma una reducción de tres puntos (del 28,8% en 2016 al 25,7% en 2025; ver: https://www.ine.es/dyngs/Prensa/ECV2025.htm). Un informe de Airef sobre el Ingreso Mínimo Vital (IMV; https://www.airef.es/wp-content/uploads/2026/02/SpendingReview-2022-2026-fase-2/SR2226F2_NDP_IMV.pdf) subraya que la prestación –a pesar de sus deficiencias, que Airef detalla– ha contribuido a reducir en un 30% la brecha de pobreza, medida como la distancia media entre los ingresos de los hogares y el umbral de pobreza. El impacto sobre la tasa de pobreza es de 9,5% y un 17% en el caso de la pobreza infantil: avances que, sin embargo, no permiten instalarse en la autocomplacencia. Otra variable es relevante: según la Comisión Europea, España destina el 25% del PIB (dato de 2024) a gasto en prestaciones de protección social (desempleo, familia, discapacidad, salud, exclusión social), frente al 27% de la media comunitaria. Es decir, igual que acontece con la política tributaria, España tiene márgenes para actuar y elevar ese porcentaje para atajar los problemas derivados de la vulnerabilidad social, a pesar del gran avance de las magnitudes macroeconómicas. La media de la presión fiscal sobre PIB en la Unión Europea –según la Comisión Europea– es del 40,4%; España está en el 37%, lejos de Francia (45%) o Bélgica (45%). Recaudación impositiva y gasto público tienen vasos comunicantes.
Varios factores explican estos datos. La reforma laboral, que ha supuesto mejoras en la contratación; el aumento del Salario Mínimo, que ha consolidado una mayor capacidad de consumo; el desempeño económico, que está suponiendo reducir la tasa de paro a un rango inferior al 10%; y la implementación del gasto público social. Otro elemento es revelador, procedente del INE y correspondiente al segundo trimestre de 2025: el número de hogares en los que todos sus miembros activos están ocupados se situó en 12 millones, 290 mil hogares de incremento en relación al trimestre anterior. España cerró 2025 con 22,4 millones de ocupados, un máximo histórico, según datos de la Encuesta de Población Activa, con la creación de más de 600 mil empleos.
En paralelo, los depósitos bancarios constituyen una señal indirecta de la capacidad de ahorro de hogares y familias. Según el Banco de España y Funcas, desde el inicio de la pandemia en 2020 los depósitos bancarios han tendido claramente al alza, con más de 2,2 billones de euros en 2022 y una tendencia a la estabilización en 2023 y 2024. Esta evolución refleja la incertidumbre económica generada por la crisis sanitaria, que llevó a empresas y hogares a aumentar sus ahorros por precaución ante la disminución de consumo e inversión. A partir de 2022, con la gradual recuperación económica, se observa una cierta estabilización e incluso una leve disminución en los depósitos totales (https://www.funcas.es/odf/depositos-bancarios-en-espana-evolucion-estructura-y-tipologia/). Ahora bien, esto se aviene, además, con un crecimiento del consumo, como otro motor del desempeño económico de España: según el INE, el gasto medio por hogar ha aumentado más del 4% en 2024 (34 mil euros; 13,6 mil por persona). Los hogares de menor gasto aumentaron su consumo con más intensidad (cerca del 11%), mientras que los de mayor gasto el incremento fue menor (1,9%). El desarrollo de esta mayor capacidad de consumo significa que integra el 54% en la composición del PIB; el resto de integrantes de ese gran agregado son el 22% la inversión, 22% el gasto público y el 2% las exportaciones netas.
Se imponen iniciativas en aquellos aspectos que inciden de forma muy directa sobre el bienestar de la población. Las políticas de vivienda son una clara muestra que urge encarar, a pesar de que se es consciente de las dificultades que significa. Persistir en la reducción de la pobreza forma otro objetivo crucial. Lo macro, con datos que demuestran la solvencia de la economía española, debe dar porosidad a lo micro: lo que acaba llegando a la ciudadanía. Existen evidencias de que eso es así; hemos tratado de anotar algunas. Sigamos insistiendo en ello.