La pólvora mojada del crecimiento económico de España

La economía española está creciendo: entorno al 3%. La cifra es importante. La pregunta clave es cómo crece. Los últimos datos publicados sobre determinados indicadores demuestran que el salario medio español se ha mantenido muy estático en los últimos años. Las cifras de la EPA son meridianas. El sueldo medio de los trabajadores que menos ganan ha pasado de 474 euros en 2006 a 411 en 2014. El sueldo llamemos “normal”, de 1.572 euros a 1.881 en idéntico tiempo. Y el sueldo superior de 3.573 euros a 4.616. Las brechas salariales son claras, y si ponemos ahí los salarios y emolumentos de los dirigentes empresariales, el abismo se acrecienta. A ello deben añadirse otros componentes igualmente preocupantes: las diferencias de género han crecido, toda vez que el 41% de las mujeres ganan menos de 1.200 euros, cuando eso afecta al 20% de los varones; a su vez, los jóvenes se encuentran muy penalizados, ya que perciben unos 1.030 euros mensuales. El colofón es que unos tres millones de trabajadores no llegan a mileuristas.

Este panorama dista mucho de la visión optimista que tiene el gobierno de Rajoy. Incluso desde la perspectiva macroeconómica, los números no acompañan, a pesar de la tasa de crecimiento del PIB que, como he dicho, es importante. Los últimos informes de Eurostat y de la Comisión Europea son claros en tal aspecto, y presentan proyecciones de crecimiento que llegan hasta 2017. Disponemos, por tanto, de un horizonte que, grosso modo, abraza una década, entre 2007 y 2017, es decir, en plena Gran Recesión. En este período, particularmente desde 2008 y, sobre todo, con 2009 como epicentro crítico, el paro no ha descendido del 20% en España, y el nivel máximo de actividad económica antes de la crisis, que lo podemos sintetizar con un índice 100, ha pasado a 90,7 en 2013: casi diez puntos de pérdida, mientras la zona euro se ubicaba en 96,6, seis puntos más que el caso español. El escenario que plantea la Comisión Europa es que España llegará de nuevo al índice 100 en 2017, mientras que la eurozona se alzará en 104. Una década perdida para la economía española.

Otro indicador es igualmente elocuente, y dinamita por completo la tesis de que la economía española es la que mejor se recupera: entre 2011 y 2015, el crecimiento acumulado del PIB español va a ser del 2%, mientras en la Unión Europea es del 3,8% y en Alemania del 4,5%, de manera que resulta poco sensato mantener de forma eufórica un renacer económico único y genuino, en contraste con las cifras europeas. Si se cotejan los datos de la variación acumulada del PIB desde antes de la crisis hasta 2015, de nuevo el indicador español es demoledor: un menos 3,9%, que sitúa a España junto a Portugal (menos 5,6%), Italia (menos 8,6%) y Grecia (menos 27%).

2016 va a ser un buen año turístico. Pero, en su contexto económico, las previsiones del gobierno, marcadas en los Presupuestos, no se van a cumplir, y con toda seguridad el nuevo inquilino de la Moncloa deberá recortar si quiere cuadrar las cuentas públicas de acuerdo con las exigencias del déficit. La pólvora de la recuperación está más mojada de lo que parece. Los fríos números lo atestiguan.

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