Economía y cambio climático

Klaus Schwab, director del Foro de Davos, acaba de publicar un libro de gran interés: la cuarta revolución industrial. El trabajo de Schwab prosigue el que publicó en 2011 Jeremy Ryfkin, sobre la tercera revolución industrial. Ambos libros tienen un nexo común: conceden gran importancia al cambio tecnológico relacionado con las tecnologías de la información –Internet en particular– y con la propensión hacia un cambio en el modelo energético. También inciden en un aspecto esencial: el cambio climático, relacionado con la evolución económica.

Schwab y Ryfkin se hacen eco que los países del mundo han aceptado que el cambio climático es un hecho objetivo, y que va a afectar a la misma sostenibilidad de la civilización. Ahora bien, las presiones de grandes consorcios vinculados directamente a los combustibles fósiles y a su negociación, junto a la política, no van a facilitar el proceso racional de transición energética. He aquí algunas claves esenciales sobre el petróleo, la principal fuente de energía que empuja al capitalismo:

  • La caída en su precio desde 2015, a pesar del repunte más reciente: poco más de 50 dólares por barril.
  • Estados Unidos importa cada vez menos petróleo. Dos causas: produce mucho y, además, está estimulando el fracking (gas pizarra).
  • Relación inversa entre la evolución del dólar y la cotización de materias primas. Así, la cotización del dólar –que se ha revalorizado– motivada por el temor a una subida de tipos; y las medidas de liquidez lanzadas por el Banco Central Europeo, han contribuido a la bajada de los precios del petróleo.
  • Problemas geopolíticos: acceso al petróleo por parte de ISIS y de su ejército; tensión con Rusia y su área de influencia, toda vez que los rusos sustentan sus presupuestos sobre un petróleo cotizado a unos 100 dólares por barril, de manera que las caídas en el precio petrolífero afectan directamente la actitud de Rusia con, por ejemplo, Ucrania.
  • Las tensiones políticas no se han reflejado, por el momento, en el precio del crudo. De hecho, Libia ha aumentado su producción hasta casi 900 mil al día; en Irak, la ofensiva yihadista no ha afectado de forma severa el sur del país, de donde procede el 90% del petróleo iraquí. Esto es momentáneo, y los graves conflictos en las áreas productoras pueden conducir a subidas del precio.

A pesar de la caída en su precio, el petróleo es un bien finito. La visión de un precio “competitivo” no puede hacernos perder la idea que urgen cambios en el modelo energético, por dos factores esenciales: por el agotamiento de la energía fósil; y por las consecuencias ambientales de su consumo masivo.

El tema motiva una reflexión más amplia. Los hechos físicos infieren una reflexión profunda sobre la ciencia económica, en un sentido claro: los paradigmas económicos no siempre tienen respuestas adecuadas para cotejar los problemas ambientales que sacuden el planeta, tanto a escala general como dentro de un ámbito más local y/o regional. Por consiguiente, se deberá tener muy en cuenta esta situación: el que la economía es un subsistema de la naturaleza y no al revés, como siempre se había determinado.

 

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