Vientos en la economía

 

  1. Vientos en popa

Una gran fortuna para los gestores económicos, tanto a nivel del gobierno central como de los autonómicos: los resortes de la economía europea van a favor de las administraciones. Un dato sigue siendo relevante: la actitud del Banco Central Europeo, que a pesar de sus anuncios para relajar la política monetaria, va a seguir con compras masivas de deuda pública de los países de la Unión. Esto garantiza créditos baratos: una transfusión efectiva hacia las estructuras económicas. Al mismo tiempo, los precios de la energía se mantienen en cotas razonables, si se compara con fases precedentes. En resumen: invertir resulta más barato –el crédito fluye mejor, gracias a la intervención del BCE– y los costes de producción se relajan –por la contención en los precios energéticos–. Son sendos vientos de cola que afectan, de forma directa e indirecta, a la economía española y, por supuesto, a la economía balear.

La recuperación macroeconómica se detecta, negro sobre blanco, en las cifras de recaudación, importantes en el caso de Balears. Se ha pasado de unos ingresos totales de unos 1.940 millones de euros en el epicentro de la Gran Recesión (2009), a unos 3.070 en 2015: 1.000 millones de euros más, sumando las imposiciones directas e indirectas. Tanto en IRPF como en IVA y Sucesiones y Donaciones, los incrementos han sido palpables; lo mismo en Actos Jurídicos Documentados. En definitiva, los ingresos tributarios en Balears se han expandido, entre 2009 y 2015, en más de treinta puntos. El hecho es de gran relevancia, toda vez que esto afecta al modelo de financiación autonómica, base central para la gestión presupuestaria. En tal sentido, las liquidaciones del modelo dejan ver que Balears sigue siendo muy solidaria con el resto de las comunidades autónomas –lo cual urge a corregir hacia una ordenación más sensata todo el proceso–; pero al mismo tiempo se delata el avance acontecido entre 2009 y 2015: de un índice en financiación media per cápita de 79 sobre 100, se ha pasado a un índice 98, según algunos cálculos (Generalitat de Catalunya, Govern Balear), o de 102 según otros (CSIC, Fedea). En cualquier caso, las cifras expuestas son ilustrativas de un claro repunte de la macroeconomía balear, mucho más robusta que la media nacional. Es este un tercer viento de cola que balancea la economía del archipiélago, y que justifica la mejor capacidad –afortunadamente– del govern para encarar sus retos en políticas públicas. El cuarto viento en cola es evidente: la evolución del turismo de masas en Balears, un desarrollo de gran potencia que se añade al desarrollo igualmente observado en las comunidades turísticas españolas. Canarias, Balears, País Valencià i Catalunya –junto a Madrid– lideran el crecimiento económico español, de la mano esencial de la actividad turística, que representa porcentajes ya determinantes en la composición de la renta. En ciudades como Barcelona, la actividad turística supone entre el 10 y el 14 por ciento de la economía. Para ciudades de Canarias y Balears, ese porcentaje supera, sin discusión, el 30 por ciento.

Ahora bien, los vientos a favor pueden devenir en vientos en proa: en contra.

 

  1. Vientos en contra

En 2016, el economista Robert Gordon publicó un libro importante en el que subrayaba cuatro vientos en proa de la economía americana. Eran: la desigualdad, las dificultades del sistema educativo, el envejecimiento de la población y el aumento del endeudamiento público. El trabajo de Gordon se centraba en un análisis de la historia económica reciente de Estados Unidos, en una línea metodológica que enlazaba con otras investigaciones. En tal sentido, Robert Reich –fue asesor económico de Clinton–, publicaba un libro, también en 2016, donde manifestaba que la desaparición de las economías nacionales ante el surgimiento de una economía global, infería la importancia en adquirir ventajas competitivas desarrollando la cualificación laboral en actividades intensivas en conocimiento. En un trabajo solvente, Ian Burume, de Project Syndicate, remacha que, en todo este análisis, el conocimiento sobre el pasado nos ayuda a entender mejor nuestro tiempo. Se trata de dotar a los principales problemas económicos actuales de una perspectiva de largo plazo. Con estas reflexiones de base, el profesor Jordi Palafox, de la Universidad de Valencia, acaba de publicar un libro de gran importancia y valentía en el que analiza –igual que Gordon para Estados Unidos– los cuatro vientos en contra de la economía española. Son: la competitividad de China, la producción segmentada de la mano de multinacionales, la insuficiencia en la formación de la población activa, y las instituciones que lastran el aumento del empleo en alto valor añadido. Las complementariedades de Gordon, Reich y Burume son claras.

La proyección de esto para otras economías es interesante. Para Balears, los estudios existentes sobre la evolución económica son ya de gran relevancia y profundidad, desde ópticas dispares. Cada investigador, cada analista, tiene sus conclusiones particulares, y también cabe decir que existen coincidencias en algunos puntos. Aquí se exponen cuatro posibles vientos en contra que sacuden –o pueden sacudir– a la economía balear. Primero: la falta de inversiones del Estado, hecho que limita la economía pública de Balears y que extiende esa dificultad a la economía privada; de ahí que urge desarrollar el REIB –mucho más que el nuevo modelo de financiación–. Segundo: la saturación turística, con múltiples vertientes de carácter económico, social y político, lo que impone establecer datos complementarios al PIB –asumidos por la administración publica– para conocer científicamente el alcance real de las externalidades negativas del turismo de masas. Tercero: la turismofobia, un fenómeno que puede exagerar los efectos negativos del turismo, si no existen mediciones precisas –y alternativas– en relación al crecimiento económico (nuevos indicadores, por tanto: el segundo viento). Y cuarto: la formación insuficiente de capital humano que enlace con la diversificación económica necesaria; ésta debería considerar una mayor y mejor conexión entre los servicios y los sectores agrario e industrial.

En todo esto, como señala Paul Krugman, la Historia importa.

 

 

 

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