Encrucijada europea

Un grupo de prestigiosos economistas ha indicado, en una importante reunión de la American Economic Society en Filadelfia hace pocos días, lo absurdo que resulta aplicar correctivos a países que incumplen con el déficit. La posición de estos expertos, académicos y profesionales que no se adscriben en su totalidad a las corrientes de pensamiento keynesiano, sino que también proceden del liberalismo económico, no hace más que corroborar una conclusión: la austeridad aplicada en Europa es nociva para el crecimiento económico, y alimento de la desigualdad.

La zona euro se asimila a una unión de Estados que compiten entre ellos como si fueran empresas: una visión patente de mercado en la concepción de esta agrupación de países. Esto conduce a problemas graves, ya que:

  • Hay naciones netamente exportadoras, que generan superávits;
  • Hay otras importadoras, que necesitan financiación para cubrir estas compras.

Así se producen desequilibrios recurrentes en el conjunto europeo, que se quieren corregir a base de supervisiones económicas, llevadas a cabo por organismos supra-nacionales. Aquí, tenemos:

  1. El control de las finanzas públicas, a partir de los equilibrios presupuestarios. La vía es clara: recorte de gastos –principalmente en los capítulos sociales–, de inversiones de todo tipo; y una preocupación bastante limitada por los ingresos (con la única excepción del estímulo a la imposición indirecta).
  2. La revisión de los indicadores de deuda pública. Desde el mainstream se ha cambiado de forma tendenciosa la secuencia, que es esta: la crisis emerge y, a raíz de ella, la deuda se dispara. Y lo hace en muchos países por las políticas de rescate bancario que se impulsan. No es la deuda la causante de la crisis, sino su consecuencia.
  3. Reformas estructurales para mejorar la competitividad; en definitiva, políticas de austeridad que sustentan sus fundamentos en dos elementos clave: el control de los salarios y la flexibilidad de los mercados de trabajo.

Las consecuencias de la austeridad son claras:

  • El PIB ha caído en los países de la periferia europea, más que en el total de la Eurozona. Es en este espacio geográfico donde se han aplicado las recetas más severas de la austeridad. Esta conclusión ha sido reconocida, incluso, por el propio FMI, en trabajos publicados en 2012 y 2013 sobre 170 países y para los últimos treinta años, con una conclusión contundente: entre 2008 y 2012, el PIB ha retrocedido, el desempleo ha crecido, los salarios han menguado y se ha incrementado la desigualdad.
  • El paro ha crecido en la mayoría de los países que han aplicado la política de austeridad expansiva.
  • La deuda sobre PIB ha aumentado: los recortes del gasto público provocan una reducción a su vez del PIB, de manera que el porcentaje de endeudamiento aumenta.
  • La deflación se ha concretado, en mayor o menor dimensión, en algunos países en los que las recetas de la austeridad han sido más severas (Grecia, España y Portugal).

Las instituciones económicas deberían haber aprovechado la crisis para fijar unas normas globales sobre el capital, y marcar reglas claras sobre los pasivos que poseen los bancos y las entidades financieras.

 

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