Malos presagios

Los resultados electorales de Andalucía pregonan malos presagios. Ahora, se buscarán causas “objetivas” que justifiquen el descalabro de partidos que esperaban volver a gobernar; en otros casos, se aplaudirá que el electorado haya girado página y se renueven las instituciones en clave partidista. Pero sí puede detectarse algún factor que no debería pasar desapercibido. La confrontación existente en el campo ideológico de la izquierda es uno que me parece relevante: entre el socialismo andaluz y las fuerzas progresistas a su izquierda. Esta pelea constante, sello lamentable de la izquierda en muchas etapas históricas, acaba pasando la factura que hemos visto: la desafección de un electorado que hubiera podido optar por una u otra formación, pero que no lo ha hecho en función de desengaños, decepciones o hastíos. Todos pierden. La izquierda que critica sin tregua a la otra izquierda acaba por autolesionarse y decaer: la crítica y la criticada. No hay vasos comunicantes; hay fugas que se fraguan en la pelea y la búsqueda del desguace del adversario. La izquierda debiera aprender, ya de una vez por todas, y teniendo en cuenta las amenazas nada latentes que se ciernen sobre el panorama electoral español –y europeo: atentos a las elecciones a Europa, esenciales– que urgen políticas que superen las desconfianzas y las pugnas meramente electoralistas por un espacio al que se pretende acceder y consolidar. Y esto se relaciona directamente con el discurso y, junto a él, formando parte directa, el lenguaje.

El discurso, arma de contenido, que muchas veces se arrincona. Existen propuestas desde las fuerzas progresistas, muy concretas, en política económica y social. Propuestas sensatas, plausibles, efectivas. Pero no se vertebran en un relato común, en unos ejes básicos que articulen la acción política que se va a desarrollar, independientemente de que en su ejecución puedan existir disensos. Todo se dispersa, se diluye, se acaba por emponzoñar ¿Cuál es la política económica, por ejemplo, de la izquierda en España? ¿Y en Balears? ¿Qué ejes estratégicos, transversales, anudan la vertebración de una política económica que se centre en preservar a los colectivos más vulnerables, actuar contra los efectos del cambio climático, arbitrar programas de inversión pública en áreas esenciales, implementar una política fiscal solvente y establecer líneas sólidas de colaboración con el exterior? Cada grupo va por su lado; cada colectivo se arroga con una verdad absoluta del mensaje, eludiendo algo tan simple y siempre invocado, pero poco estimulado: las gobernanzas económica y política. El adanismo destroza a la izquierda, y desarma a sus electores potenciales. Hay unas trayectorias específicas, que han significado esfuerzos, luchas y sacrificios, y que muchas veces no se tienen en consideración. Todo empieza de cero; cada grupo por su derrotero, sin un común denominador. Por ello, son necesarios espacios comunes en el ámbito de las fuerzas progresistas para trabajar sobre perspectivas también comunes, sabedores de que existirán –y esto no debiera ser un escollo– discusiones, polémicas, debates. Pero también un lenguaje más unitario.

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