Desafíos de Europa

Un primer desafío: las sacudidas del Brexit siguen vigentes, a pesar de los requiebros que los propios conservadores británicos –que instigaron todo este desastre– tratan de realizar. Entre estos últimos movimientos: la posible convocatoria de un segundo referéndum que, según como se formulara, permitiría tal vez situar el tema en su primigenia casilla de salida: todo un despropósito de tiempo perdido, informaciones falsas, tergiversaciones de las situaciones que iban a producirse, leyendas urbanas de difícil credibilidad pero aceptadas y compradas electoralmente. En fin: una estupidez mayúscula.

Pero además Europa tiene un segundo desafío: la crisis italiana, por ejemplo. Ésta parece haberse reconducido. Momentáneamente. Las elecciones europeas del próximo año destaparán de nuevo el tarro de las esencias nacionalistas. La idea de soberanía económica, que se desprende de los posicionamientos populistas del gobierno italiano, esconde a su vez otras cartas mucho más turbias: la xenofobia y un ataque furibundo a los inmigrantes, todo en línea con lo que acontece en otros países europeos –Alemania, Austria, Hungría, Francia y ahora también España–. Veremos el tiempo que tarda esto en aflorar otra vez.

Un tercer desafío es la relación con Estados Unidos. Trump no ceja en sus ataques a Europa, mientras Putin sonríe complaciente. La política económica proteccionista de Trump empezará a dar problemas muy pronto, y lo hará en el mismo territorio norteamericano, cuando se empiecen a producir cierres de algunas empresas afectadas por el proteccionismo recíproco de los países “atacados” económicamente por el histriónico inquilino de la Casa Blanca.

Ante todo esto, el desafío mayor de Europa va a ser construir un relato propio, a pesar de la enorme complejidad histórica y económica de su territorio. Y en ese relato, en esa hoja de ruta, figura un factor clave, esencial: la formación de un presupuesto de la Eurozona que incida en el aumento de la competitividad e igualmente de la convergencia. El eje franco-alemán está empezando a entender que urgen mecanismos de estabilización para encarar la próxima crisis económica. En esos mecanismos se incluye una pieza importante: la creación de un seguro de desempleo comunitario. La idea conjunta se debate ya en los cenáculos europeos, cuando hace apenas un año era algo impensable. ¿Causas? El avance de los neopopulismos de derechas, destructores de la unidad europea, con mensajes simplistas, vacíos de contenido económico, pero repletos de dogmatismo y de soluciones mágicas. En mayo de 2019 Europa se juega un futuro relevante: su permanencia como bloque más o menos compacto, pero con una proyección común. El voto en las europeas adquiere así una transcendencia que, sin negar la relevancia esencial de los otros comicios que se han convocado, se eleva en cuanto al impacto que pudiera tener sobre el futuro de la economía mundial, según el resultado que salga de las urnas.

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