Una crisis sin precedente alguno

Una crisis económica inducida por los gobiernos. Nunca había pasado en la historia económica. Es la entrada en un coma planificado: evitar la muerte del paciente, agredido por un agente biológico. Los problemas no han sido internos: un fenómeno exterior, un virus, ha provocado el desastre. Un colapso que ha tenido al paciente, la economía mundial, durante más de 50 días en una imaginaria UVI mundial: entubado, auxiliado con todo tipo de artilugios –estímulos, ERTES, transfusiones monetarias–, empieza a despertar. De cómo sea esa apertura, esa retirada de tubos y monitores, de cómo reaccione y preserve un nuevo contagio, dependerá de que el enfermo se recupere en mayor o menor tiempo. El símil sanitario no es gratuito.

La Organización Mundial de la Salud ha advertido que habrá que convivir con el coronavirus. Esta tesis rubrica el argumento de que se deberá contar con nuevos estímulos monetarios. Con la urgencia en desarrollar planes de reapertura económica. Hay temor a que se produzca un nuevo rebrote, un aumento de contagiados que retrase los confinamientos en desescalada, y que, por tanto, arruine una posible recuperación. El debate está abierto en prácticamente todas las economías: la dicotomía salud/economía aflora en toda su crudeza, con menor o mayor intensidad, y promueve comportamientos insolidarios e insensatos en muchos casos (lo sucedido en un barrio concreto de Madrid es ilustrativo al respecto). Pero esas visiones opuestas se advierten en distintas naciones. Por ejemplo, en Estados Unidos los expertos han indicado a Donald Trump que precipitar los plazos de reapertura de la economía va a multiplicar el número de afectados en el país con más defunciones por coronavirus. En paralelo, y esto lo enfatizaba el presidente de la FED, los problemas de liquidez pueden convertirse en otros de solvencia. Esto induce a pensar que la munición monetaria no va a cesar: existen muchos incertidumbres ante la recuperación correcta de las constantes vitales del enfermo.

En paralelo, los problemas entre Estados Unidos y China persisten. Trump ha amenazado con tomar medidas contra empresas chinas que están cotizando en Estados Unidos. ¿Conflicto financiero en ciernes? Y las necesidades de insuflar más dinero a las venas de la economía son crecientes: 3 billones de dólares en el caso norteamericano, según las previsiones; 1,5 billones –hasta poder llegar incluso a los 2– de euros en el escenario europeo. Europa tiene, por fortuna, más redes de protección que Estados Unidos, y a pesar del fortísimo impacto de la crisis, la capacidad de resistencia del Estado de Bienestar está resultando clave. En Estados Unidos las cifras conducen a un espanto: 36 millones de desocupados en estos momentos, un nivel de afectación que resulta más elevado que lo vivido durante la Gran Depresión de 1929.

No va a ser fácil salir de todo esto: recuperaciones abruptas no se ven demasiado claras. Pero lo que no cabe duda es que sin la participación de los Estados, flexibilizando al máximo las reglas presupuestarias y financieras para drenar recursos a familias y empresas, la recuperación será mucho más letal para todo el mundo.

 

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