La caída del PIB en Baleares: la “zona cero” de la crisis

            El Banco de España ha presentado los resultados de cierre provisional del PIB regional. La cifra para Balears es demoledora: una caída del 27%. Las previsiones del Govern se acercaban al 31%, con revisión posterior que ubicaba el dato entorno al 25%. Las del CES, en los peores escenarios, entre el 11% y el 22% (publicadas en dos documentos). El INE planteará en un futuro próximo su cierre de esos cálculos, que previsiblemente oscilarán en una horquilla entre el 20% y el 27% de pérdida de riqueza para las islas. Estos datos advierten del desastre económico que ha supuesto –que está suponiendo– el covid-19 para Balears, sea cual sea la referencia que se adopte.

            Esto coloca a la economía regional en un escenario insólito: el impacto económico es parecido al que sacudió la economía norteamericana a raíz del crack de 1929 –con un desplome del PIB del 25%–, y se acerca a lo acontecido en la economía griega durante la Gran Recesión –una pérdida cercana al 26%–. Son cifras de economía de guerra; de colapso en la estructura económica. Para Balears, es el mayor desmoronamiento de todas las economías regionales en 2020. Ante esto, ¿qué escenarios se abren? Resulta difícil realizar augurios económicos, cuando se depende de la evolución de un virus y de la actitud de la gente ante él: el grado de responsabilidad de la población, junto a la celeridad por culminar el proceso de vacunación. La visión del futuro económico depende de esto: los epidemiólogos tienen más registros que los economistas para aventurar escenarios posibles. Los modelos de aquéllos sirven poco ante las sacudidas de las olas contaminadoras.

            Salir de esta crisis va a ser más difícil para Balears, a pesar de los enormes esfuerzos de las administraciones públicas en su conjunto, cosa que debe aplaudirse. Estos esfuerzos justifican que esas dramáticas cifras de caída del PIB, junto a sus corolarios en el mercado laboral y en los tejidos productivo y social, se puedan encarar. La cifra de economía de guerra, a la que nos referíamos, no está dando paso, por fortuna, a escenarios bélicos. La economía pública se revela como determinante en todas sus esferas: desde la macroeconomía hasta los ámbitos más cercanos al mundo empresarial y del consumo familiar. Pocas veces antes, en los tiempos más recientes, habíamos visto tanto consenso en este aspecto: desde el FMI hasta la Comisión Europea, pasando por diferentes instituciones económicas, se está abogando por la actuación de los gobiernos, de la política fiscal en definitiva, para complementar la expansión de la política monetaria.

            Los fondos europeos ayudarán a la recuperación. Urge, además, un planteamiento estratégico de futuro para Balears: hay trabajo hecho al respecto (el dictamen 2030 del CES, por ejemplo); se trata de usarlo y mejorarlo. Dos aspectos emergen: demostrar capacidad de gestión (eficacia y eficiencia) ante las autoridades europeas; y evitar caer en las premuras de siempre. Presionar al máximo a los gestores para que, por ejemplo, cambien el modelo de crecimiento con la llegada de fondos, comunicando frustración si ese cambio no se observa, no ayudará nada a una consecución positiva.

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