¿Diversificar las economías?

            Reindustrializar es un verbo que se utiliza mucho. Volver a bases industriales, desde economías maduras de servicios. Diversificar, en suma. Se nos habla, entonces, de incrementar la productividad, de mejorar la calidad de lo que ofrecemos. De ser más competitivos. Todo está muy bien; el problema es su concreción. Aquí es donde no solemos encontrar respuestas o vías de trabajo. Sin embargo, tenemos datos importantes. En el caso de la economía española, el crecimiento de las exportaciones turísticas se sitúa entorno al 5%: una cifra potente, que supera la tasa del PIB. Pero idéntico parámetro para las exportaciones de servicios no turísticos alcanza el guarismo del 8%: una señal de que estamos siendo competitivos en un terciario avanzado que es capaz de exportar. Un indicador relevante que determina que la estructura económica está más diversificada de lo que pensamos.

            En el caso de Balears, los datos son de gran interés. Aquí, la economía turística constituye la parte del león de la estructura productiva (más de un 40%; 82% si incorporamos todos los servicios). Esto tiene derivadas de carácter socio-político y económicas: urgiría diversificar esa estructura productiva monolítica, lo que podría eliminar externalidades visibles como, por ejemplo, los problemas ecológicos y espaciales. Cuando se habla de diversificar, se suele remitir a un retorno a la agricultura (con los avances que se consideren, como es lógico), o a la industria histórica. Ambos aspectos son de gran relevancia, y no se pueden descuidar en un portafolio de política económica. Pero quizás el meollo de la cuestión resida en la diversificación del sector servicios, máxime en economías tan especializadas como la balear. Es aquí donde podemos encontrar claves explicativas.

            El punto de partida para tal análisis es el rigor en la observación. Es decir, no se trata de inventarse sectores o actividades. Concierne ver lo que se tiene, si es que se tienen signos de diversificación productiva. Para Balears, disponemos de diferentes estudios al respecto. Uno de los más interesantes es el que realizó el profesor Facund Fora sobre el ParcBit: su análisis prolijo (a partir de la base de datos SABI) ha determinado que la aportación del parque al PIB de Balears, entre 2008 y 2018, ha oscilado entre 0,6% y poco más del 2%. Unas magnitudes importantes, que responden a actividades productivas claramente diversificadas: empresas de ingenierías diversas, producción de software, biomedicina, etc… Tenemos, por tanto, un ecosistema de alto valor añadido, con avances tanto en la productividad del capital como en la del trabajo, según la investigación de Fora.

            Explorar esto sería de gran interés para la economía aplicada: proyectos de investigación que desbrocen ese inmenso cajón que son los servicios, para hacer emerger subsectores que normalmente aparecen enterrados por el tractor turístico. A su vez, las administraciones públicas deberían tomar nota de esto: tienen ahí algo concreto, tangible, específico (nada teórico) sobre la diversificación en la economía balear. En sintonía con el avance de los servicios no turísticos en la economía española.

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El gran gurú de Donald Trump

            Anuncio de aranceles desaforados. Expulsión de extranjeros. Amenazas de expansiones imperialistas (Groenlandia, Dinamarca). Reducción de impuestos a los ricos. Desprecios altivos hacia Europa. Emisión constante de bulos. Roturas graves en las costuras democráticas. Retirada de organismos internacionales. Frivolización de los conflictos. Matonismo militarista. Negacionismos ante las evidencias científicas. Estos y otros elementos caracterizan los primeros meses del mandato de Trump. Una distopía que era inconcebible incluso para sus más firmes seguidores. La pregunta es ¿actúa solo Trump? ¿son estos factores enunciados producto de sus fobias, u obedecen a las premisas de un Estado profundo? En el plano económico: ¿quién le asesora, a parte de Musk? Las respuestas a tales incógnitas no son todas simples; pero sí sabemos quién es el gurú de Trump. Se llama Stephen Miran, presidente del Consejo de Asesores Económicos, e inspirador y autor de esa guía que ha puesto en funcionamiento la administración estadounidense, un documento publicado en noviembre de 2024 (A User’s Guide to Restructuring the Global Trading System).

            La idea central es generar una recesión económica en Estados Unidos con el ánimo de debilitar al dólar, incrementar las exportaciones –lo que infiere aumentar la producción industrial– equilibrar la balanza comercial e incidir en la política monetaria bajando los tipos de interés para hacer entonces más tolerable la ingente deuda pública del país. En esta compleja ecuación, los aranceles se erigen en primordial arma de negociación –toda vez que, si se aplican como está anunciado, van a provocar inflación–. La pregunta que puede derivarse de esto es si, en ese supuesto escenario de negociación, los países involucrados pueden fiarse de la actual administración norteamericana. Lo ha escrito con su mordaz estilo Martin Wolf en el Financial Times: “¿es esta administración capaz de alcanzar un acuerdo? Creo que no” (https://www.ft.com/content/9fa4a76d-60bb-45cd-aba0-744973f98dea).

La propuesta de Miran es sumamente arriesgada, porque no parece contemplar, o minimiza, la deslocalización existente, ya en la actualidad, de buena parte del aparato industrial estadounidense, cuyo sector del automóvil tiene partes sustanciales en su cadena de producción externalizadas en México; y, a la vez, su tesis ignora el factor tiempo: ¿cuánto se puede soportar un escenario de contracción económica inducida, buscando un objetivo de difícil consecución?

            Los datos ahora mismo son ya preocupantes. La Reserva Federal reduce el crecimiento económico para Estados Unidos, y señala el incremento del paro, la bajada del consumo y el desmoronamiento de los índices bursátiles. De hecho, Wall Street conoce la mayor huida de inversores y un incremento de los índices de pesimismo de los gestores (información del Bank of America). Una incipiente tensión inflacionista ha aconsejado no tocar los tipos de interés en el último encuentro de la Reserva Federal, una actitud consecuente en política monetaria que ha enfurecido a Trump, que esperaba un recorte en el precio del dinero. Alguien debería decirle: “¡es la economía, estúpido!”.

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La solvencia de la economía española

            Un cierre de ejercicio 2024 con un crecimiento del 3,2%. La mitad de ese crecimiento, debido al consumo privado. Y éste explicable por el dinamismo del mercado laboral, con la creación de casi 500 mil puestos de trabajo, una disminución de la tasa de paro a poco más del 10%, y un crecimiento demográfico relevante. Una economía con expansión de las exportaciones de servicios, con una aportación al PIB de 0,4 puntos por parte del sector exterior. Y sin desequilibrios financieros: mantenimiento de la deuda privada, la que nuclea hogares y empresarios (125% sobre PIB; la media de la zona euro se sitúa en 153%); y de la deuda pública, que alcanza casi el 102% sobre PIB.

            Estos son los fundamentos para el desarrollo económico de 2025, en un entorno caracterizado por una elevada incertidumbre, y en el que los pronósticos están sujetos a revisiones constantes. Sin embargo, importantes instituciones económicas –Banco de España, FMI, CaixaBank, Funcas, entre otras– subrayan una posible prospectiva: España seguirá en esa senda robusta de crecimiento. El primer trimestre de 2025 se ha inaugurado con un aumento en la afiliación a la Seguridad Social, a una tasa media del 0,2%: buen inicio. Las horas trabajadas han aumentado (3,5% en términos interanuales), con incrementos de la productividad por ocupado y de la productividad por hora efectiva, con datos del INE y del Ministerio de Inclusión, Seguridad Social y Migraciones. Los indicadores PMI (Purchasing Manager Index, que incluye encuestas e informes mensuales en empresas del sector privado) tienen comportamientos positivos en el inicio de 2025, con ratios superiores al índice 50, es decir, el umbral que determina que estamos en una fase expansiva, tanto en pedidos de exportación de manufacturas como en el caso de los servicios. En tal contexto, las entidades económicas se han apresado en variar al alza las previsiones de crecimiento para España en 2025, una situación que ha sido igualmente remarcada por publicaciones relevantes en el campo de la economía (The Economist, Financial Times).

            En efecto, los cálculos que hacemos los economistas deben estar presididos por la cautela en un contexto tan problemático como el actual, explicable tanto por la guerra de Ucrania, la de Oriente Próximo –cuya radicalización podría tensionar al alza los precios del petróleo–, como por las medidas de la administración Trump en el capítulo de aranceles y de enorme trasiego internacional. No obstante, las bases sólidas que antes hemos delineado facilitan llegar a conclusiones concretas. La previsión del crecimiento económico para España se puede situar entorno al 2,5% –el dato casi cuadriplica el establecido para la media de la UE– toda vez que los impactos de los aranceles sobre nuestra estructura económica pueden suponer un ajuste aproximado de apenas 0,1 puntos porcentuales, por la menor exposición de la economía española a la estadounidense. En paralelo, la inversión relacionada con los fondos NGEU suponen un acicate al crecimiento, máxime si se tiene en cuenta que, en tasas inter-trimestrales, las inversiones en bienes de equipo en el cuarto trimestre de 2024 crecieron un 7,6%, según datos del Banco de España y del INE. A su vez, se ha detectado un aumento en el ahorro de los hogares (más de un 14%). Ambos factores –inversión y ahorro– han de incidir en positivo sobre la demanda agregada. Este proceso dinámico y solvente se incardina, además, en una evolución controlada de los precios. De hecho, las instituciones consultadas prevén una moderación en la inflación: entorno al 2,5% en el curso del presente año, hasta llegar al umbral del 2% en 2026.

            Esta demostrada solvencia económica, con variables que provienen de fuentes públicas y privadas de toda credibilidad y rigor, coloca la economía española en una posición más sólida en contraste con otras economías de la zona euro. Los avatares internacionales son los que pueden trastocar o matizar los indicadores expuestos. La prudencia debe ser una guía. Pero no debería ignorarse este panel de datos que refuerza la política económica desplegada, con resultados incontestables.

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Tensiones económicas que nacen en Estados Unidos

            A la incertidumbre de la geopolítica bélica, con un epicentro importante en Ucrania y otro en Oriente Próximo, se le ha añadido la distopía que está significando el mandato de Trump. Un mandato presidido por la ineptitud y una tendenciosa orientación en generar un caos que facilite el desmantelamiento de las estructuras administrativas públicas. Los últimos artículos del influyente Martin Wolf en el Financial Times; y del premio nobel Paul Krugman, van en esta línea descriptiva. No son los únicos expertos: cada vez más economistas académicos y analistas, nada heterodoxos, claman ante la absurdidad de las ocurrencias de Trump. Nos encaminamos a un mundo mucho más inseguro, más dividido y fragmentado en espacios que pretendidamente se van a proteger con aranceles recíprocos, con menores crecimientos económicos y con previsibles inflaciones más altas. Esta enorme tensión económica se está provocando en el marco de una herencia económica, la del presidente Biden, que legó un crecimiento económico robusto, la inflación en proceso de control y unas estrategias inversoras tangibles en infraestructuras. No se recuerda que un mandatario, ante ese escenario positivo, provoque adrede una contracción de la economía que tiene una vertiente clara: la reducción del consumo. En efecto, los recortes pilotados por Elon Musk en el sector público de Estados Unidos van a tener –ya están teniendo, de hecho– consecuencias letales: pérdida de empleos, reducciones en el gasto público y en programas sociales, con corolarios negativos en el crecimiento económico. Un verdadero shock de demanda, al que añadir otro shock, este de oferta: aranceles y expulsión de inmigrantes. Una tormenta perfecta que va a cuajar con un incremento de los precios. Lo cual puede obligar al presidente de la Reserva Federal, Jerome Powell, a subir los tipos de interés o, en el mejor de los casos, a mantenerlos sin bajar. Todo lo que Trump no quiere, cuyo objetivo es, precisamente, que se reduzcan los tipos de interés para facilitar la asunción de la deuda pública estadounidense.

            Importantes instituciones (Bloomberg, CaixaBank, Funcas, Banco de España, FMI, Reserva Federal) están señalando datos contractivos de previsión para el trumpismo económico: más de medio punto para Estados Unidos, y cayendo hacia 2026 de mantenerse esta insólita agenda de la administración del magnate. Si esta esperpéntica hoja de ruta no se hubiera producido, las previsiones serían mejores, en ausencia de aranceles y de las medidas impulsadas por la administración Trump. Concretamente, la economía de Estados Unidos crecería 0,6 puntos más. En paralelo, los grandes empresarios tecnológicos están perdiendo dinero en Wall Street. El que más, Elon Musk: 132 mil millones de dólares desde diciembre de 2024; una disminución del 27% de su patrimonio neto, según el Financial Times. La situación económica de Tesla, el buque insignia de Musk, está cayendo a plomo, hasta el punto que importantes inversores de la empresa están reclamando una mayor atención de Musk, enredado en sus cometidos en la administración Trump. Disparates económicos que se extienden al mundo.

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Por una política económica de progreso. Artículo en inglés publicado en Economia & Lavoro, junto a Ferran Navinés

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Acto de presentación de «Economía en crisis. Aprendiendo de la historia económica». Palma, Cámara de Comercio-Círculo de Economía, 30 de enero de 2025, 19 horas.

Presentado por Josep Maria Vicens, presidente del Círculo de Economía, y con la participación de José María Carretero, Decano de la Facultad de Economía y Empresa de la Universitat de les Illes Balears; y Cristina Narbona, economista y exministra de Medio Ambiente. Más de 100 personas asistentes.

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Acto de presentación de «Economía en crisis. Aprendiendo de la historia económica», 28 de enero de 2025, Madrid, Círculo de Bellas Artes, 19 horas.

  1. Junto al Ministro de Economía, Carlos Cuerpo.
  2. Con el Ministro de Economía y Víctor Homar, vicerector de Política Científica de la Universitat de les Illes Balears. Más de 130 personas asistentes a un acto moderado por Cristina Monge, profesora de Ciencias Políticas y socióloga en la Universidad Complutense y con la participación de Cecilia Castaño, Catedrática de Economía Aplicada de la Universidad Complutense

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Los aranceles de Trump no beneficiarán a la economía de Estados Unidos: el MAGA en entredicho

Las primeras medidas adoptadas por Donald Trump, envueltas en toda una parafernalia teatral y pretendidamente solemne, una presentación jaleada por veinte mil seguidores y con el magnate sumido en una actitud displicente e imperial, deja mucha inquietud en el aire. Varios factores son destacables.

En primer lugar, debemos aguardar si los anuncios que afectan a la política económica de manera directa se harán efectivos en su totalidad. Recordemos que, en el anterior mandato de Trump, medidas que se comunicaron mediáticamente fueron muy matizadas, y su emisión sirvió al magnate como herramienta de negociación. Muchos analistas señalan que ahora la decisión de Trump es más firme, y sus nombramientos van en la dirección que formuló en sus promesas electorales: camino de la discordia, del conflicto, de la crispación.

En segundo término, si cuajan los aranceles se pueden producir unas consecuencias precisas:

  1. La ralentización comercial con Europa. Las exportaciones europeas a Estados Unidos significan el 20% del total; entorno al 5% del PIB europeo. La industria química, de equipamientos y maquinaria probablemente serán los sectores más afectados por la política arancelaria de Trump. Igualmente, productos agroalimentarios como el aceite de oliva o los quesos recibirán el impacto correspondiente. La dependencia de Alemania y Francia de las exportaciones hacia Estados Unidos se sitúan entorno al 10% de su PIB; mientras que esa variable es del 5% para España. Los colectivos industriales y agroalimentarios pueden verse afectados, por tanto, con esas proposiciones proteccionistas. El turismo de Estados Unidos hacia Europa puede verse beneficiado si el dólar se va revalorizando, espoleado por las medidas del nuevo presidente (de hecho, el dólar viene apreciándose desde el mes de septiembre de 2024 más de un 6%; los datos expuestos proceden de CaixaBank Research, IM12, diciembre de 2024).
  2. Un posible re-direccionamiento del comercio de China, siguiendo una tendencia inversora que ya arranca del primer quinquenio del siglo XXI. En efecto, las inversiones exteriores chinas entre 2005 y 2013 se canalizaron en casi un 74% hacia Asia, Sudamérica, África, mundo árabe y Australia; y apenas un 8,13% hacia Estados Unidos. Para el analista Derek Scissors, del American Enterprise Institute, la inversión global documentada de China se mantuvo estable en 2024. La cadena de suministro de vehículos eléctricos sigue siendo prominente. El volumen de construcción aumentó, liderado por la edificación de plantas de energía solar y de otro tipo. Arabia Saudita fue el socio más activo. El Ministerio de Comercio de China podría cerrar una inversión récord para 2024; la existente en 2016 generó acuerdos titulares y reevaluaciones de políticas en todo el mundo. La inversión china en Estados Unidos –señala Scissors– no es actualmente un tema importante (https://www.aei.org/research-products/report/2-5-trillion-20-years-of-chinas-global-investment-and-construction/. http://www.aei.org/files/2014/01/10-china-invests-somewhat-more-in-the-world_151254764847.pdf). En paralelo, en 2015 un 66% de las exportaciones de China se desarrollaban en países avanzados; el dato se ha contraído hasta el 56% en 2023, mientras se ha incrementado –al calor del aumento de inversiones, como hemos señalado– en las naciones emergentes, entorno al 44% (CaixaBank Research, IM12, diciembre de 2024). Los flujos comerciales entre China y la Unión Europea se han estabilizado, mientras se han reducido hacia Estados Unidos y Japón. Además, países como México, Vietnam y otros emergentes ofrecen ya mercados alternativos a los productos y servicios chinos. Esas rutas ya exploradas, tangibles y efectivas, previsiblemente se verán implementadas por el impacto de los aranceles de Trump. Otro factor es remarcable: imponer un arancel del orden del 60% a las importaciones chinas puede derivar a una depreciación de su moneda. Esto, a su vez, podría enjuagar en parte el encarecimiento arancelario impuesto por Estados Unidos, de forma que ello quizás represente una mejora en la competitividad de los productos chinos hacia esas rutas a las que aludíamos. No es arriesgado pensar que los costes de esa política de Trump los acaben sufragando los propios consumidores estadounidenses.
  3. La elasticidad de la demanda estadounidense –es decir, cuánto puede variar la cantidad demandada de los productos sometidos a arancel en función de los cambios en sus precios– determinará la efectividad de las medidas desplegadas por Trump. Además, debe considerarse la posibilidad, bastante real como ya hemos indicado, que los países afectados por los aranceles busquen otros mercados alternativos al de Estados Unidos, toda vez que las elasticidades de importación y exportación de los países de altos ingresos promedian entorno al 1,4; mientras en las naciones en desarrollo esa cifra se ubica alrededor del 0,7, tal y como se revela en el reciente estudio de los economistas Shantayanan Devarajan, Delfin S. Go y Sherman Robinson, para el Banco Mundial (véase: https://openknowledge.worldbank.org/server/api/core/bitstreams/0fae79c1-a353-4b20-8e4f-8670bd9b4182/content). Estas medidas proteccionistas van a suponer una caída de la apertura comercial, el impacto a la apreciación del dólar –lo que afectará al euro, en un contexto de debilidad de la economía europea– y una posible subida de tipos de interés por incremento de los precios. La emisión del mensaje proteccionista ha podido llenar de regocijo a los partidarios del nuevo presidente, que ven una “recuperación” de un cierto orgullo perdido ante sus competidores, con la mirilla siempre puesta en China. Pero esta estrategia económica puede actuar también como un boomerang. De hecho, Martin Wolf, un importante gurú de la economía liberal, con una palestra muy consultada en el Financial Times, ya ha calificado de “estupidez” la promulgación de esa política arancelaria de Trump, pensando el presidente que serán los extranjeros quienes pagarán sus aranceles. Pero –como apuntamos anteriormente– van a ser los propios estadounidenses los que verán encarecer sus productos (véase: https://www.ft.com/content/86c5adf3-0178-423b-9d00-2af9aaec14a8).

En tercer lugar, Trump ha prometido una importante rebaja de impuestos, que sobre todo va a favorecer a las rentas altas y a las empresas. Esto inferirá por un lado mayores beneficios empresariales; y, al mismo tiempo, una determinante reducción de ingresos fiscales cuya traslación al gasto público va a ser relevante. Teóricamente, esa bajada de tributación tiene efectos-llamada a la inversión exterior. Pero, a su vez, va a contribuir al fortalecimiento del dólar, que ya hemos anotado. Si a ello añadimos el otro anuncio de Trump, la expulsión de fuerza de trabajo inmigrante y el impedimento a su entrada legal en el país, de manera que en conjunto esto va a reducir la oferta laboral, la situación va a afectar al crecimiento económico por esa contracción de trabajadores (que, además, se ubican en una gran mayoría en trabajos de servicios, de construcción y agrarios).

En conclusión, si lo expuesto se acaba confirmando, son previsibles los siguientes movimientos: incremento de la inflación, fortalecimiento del dólar, reducción de las exportaciones estadounidenses e impacto sobre la política monetaria si la situación se extrema, subiendo los tipos de interés. Un aspecto sobre el que Trump ha puesto un énfasis específico, exigiendo a Jerome Powell, presidente de la Reserva Federal –al que Trump ha calificado como “cabeza hueca”–, que baje los tipos de interés de forma inmediata, transgrediendo también aquí la independencia de otro contra-poder a la presidencia de Estados Unidos. Por consiguiente, no está claro que todas esas medidas acaben beneficiando en el medio plazo a la economía de Estados Unidos. Las incógnitas son múltiples. Una: la respuesta de la población si las posibilidades apuntadas se hicieran realidad en su totalidad o en parte: qué reacción puede haber, de carácter social –como está indicando por ejemplo Bennie Sanders–; o en las elecciones parciales en dos años. Dos: qué mecanismos puede tener el Estado de Derecho para poner diques de contención a muchos despropósitos que el nuevo presidente quiere ejecutar. Y, finalmente, tres: qué actitud adoptarán el resto de países ante anuncios y amenazas perpetrados por Trump, impregnados de matonismo, de un desprecio absoluta hacia la ciencia, y de falta de respeto a la independencia de las naciones y al derecho internacional.

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La falsa idea de la libertad económica

La obsesión por una libertad económica sin control, con la premisa de que el problema económico central residía en el Estado y no en el mercado y que, por tanto, se debía recortar el gasto público –el social; pero no el militar, como se demostró en Estados Unidos con el programa de Ronald Reagan, la “guerra de las galaxias”–, ha consagrado las tesis más conservadoras en el pensamiento económico, con líneas específicas de actuación: privatización de empresas y servicios públicos, reducción de costos laborales unitarios tensionando los salarios a la baja, rechazo a las negociaciones sindicales, dominio de lo privado sobre lo público, rebajas impositivas a las franjas más ricas de la población. Consecuencias: déficits gemelos en la economía de Estados Unidos, comercial y presupuestario, en la década de 1980.

Frente a esta idea que vuelve a reverdecer con sumo ahínco, sendos documentos tratan de poner ejes claros de actuación. El de Mario Draghi (véase https://equipoeuropa.org/informe-draghi-ue-competitiva/) propone un ambicioso plan de reindustrialización de la Unión Europea, focalizado en grandes retos económico-sociales que van desde la transición energética hasta la aplicación de nuevas tecnologías, inteligencia artificial y defensa. Se plantea una inversión que oscila entre 750 mil y 800 mil millones de euros anuales, si bien Draghi piensa que buena parte debieran provenir del sector privado. Por otra parte, el de Enrico Letta (véase: https://www.hablamosdeeuropa.es/es/Paginas/Noticias/El-Informe-Letta-el-futuro-del-mercado-%C3%BAnico-europeo-.aspx) sobre el mercado único plantea la necesidad de capturar los factores intangibles de la economía digital y los beneficios de la economía circular con el objetivo de encarar el cambio climático. Apoyar la transición verde y digital, la promoción de la paz y el respeto al Estado de Derecho, y el reforzamiento de un mercado único –con la apuesta por estimular el crecimiento en tamaño de las empresas– para crear empleo y facilitar la posibilidad de hacer negocios, son otros elementos que Letta aporta. Ambos textos son complementarios y su aplicación supondría tres consecuencias:

  • La flexibilización de las reglas fiscales europeas, es decir, una visión más acorde con los planes de actuación que se desempeñaron con la COVID;
  • La apuesta clara por la inversión pública como palanca inicial para estimular el efecto multiplicador sobre la privada;
  • El reforzamiento de una gobernanza que supone establecer consensos entre formaciones con objetivos distintos.

No es fácil; pero probablemente sea esta una vía razonable de actuación, una hoja de ruta a seguir. En confrontación, el “trumpismo discursivo” –según acepción de la profesora Laura Camargo– que ha redefinido la comunicación política con la internacionalización de un estilo agresivo, simplista y provocador para escandalizar, polarizar y confundir. Una herramienta para ello son las redes sociales, en las que este tipo de relatos tienen predicamento por parte de las extremas derechas del mundo, en su defensa de nuevos regímenes de sello autoritario. La gran damnificada: la información veraz. Y la democracia.

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Trump-Musk, ¿los nuevos señores feudales?

            Se produjo lo que muchos pensaban que era difícil: el ascenso a la presidencia de Estados Unidos de Donald Trump. Y, más aún: el tándem con Elon Musk, otro magnate desquiciado. ¿Qué claves debemos observar en este mandato que en pocas semanas se va a iniciar? En estos momentos, se dispone sobre todo de las declaraciones del propio Trump en la campaña electoral y en sus primeros discursos como electo. La vacuidad de sus formulaciones de carácter social y político no puede hacernos perder la visión de las posibles propuestas económicas y geo-políticas que encierran los argumentos del magnate neoyorquino. ¿Qué puede deparar el mandato de Trump?

            De entrada, el objetivo de un proteccionismo económico, mucho más acentuado que el ya existente en determinados sectores de la economía americana, como es el agrícola. Trump, que no proviene precisamente de ningún campus universitario ni de un prestigioso bufete de juristas, ha afirmado que va a conseguir empleo para los americanos que se sienten amenazados por el avance de la población inmigrante; que va a consolidar sus puestos de trabajo a los que lo tengan, sin temor a que puedan arrebatárselos los extranjeros; que va a impulsar medidas para desarrollar la producción nacional; y que, en definitiva, va a penalizar la entrada de mercancías foráneas. De ahí sus declaraciones hostiles hacia los tratados comerciales, vistos como caballos de Troya hirientes para la industria estadounidense. Esto puede comportar políticas arancelarias severas con las mercancías europeas y asiáticas, dos áreas prioritarias del comercio de Estados Unidos. Lo que, a su vez, generará tentaciones recíprocas en los países afectados, hecho que sin duda acabaría por ralentizar las transacciones mercantiles. Los mensajes de campaña hacia la población blanca sin formación obedecen especialmente a ese pretexto, a esa línea de actuación: un orgullo patriótico, productivo, que lamine lo externo, observado como intrusismo que desindustrializa, que provoca decrecimiento, paro y bajos salarios.

La presidencia de Trump supone el acendramiento de una crisis que va más allá de la economía: es la consolidación de una crisis política y social. Los preceptos neoliberales, dominantes desde los años 1980, han consolidado un discurso muy conservador en las políticas económicas públicas y procesos de des-regulación que han salpicado todas las economías del mundo, con resultados negativos precisamente en la esfera social. Y con crecimientos económicos limitados, en el ámbito de la economía productiva; mientras han sido de gran relevancia en las vertientes más especulativas (crisis de las empresas tecnológicas en 2000; y de las subprime desde 2007).

            La traslación de todo esto a Europa no se hará esperar. Trump ha dado alas a sus homólogos anti-europeos, teñidos de un nacionalismo parecido del que presume el mandatario norteamericano. Bajos salarios, trabajo precario, poco interés hacia estos problemas por parte de las élites europeas, he aquí el caldo de cultivo perfecto para este virus pretendidamente anti-sistema, que no hace más que reforzarlo. El negacionismo extremo.

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