Opiniones sobre mi libro Economía en crisis. Aprendiendo de la historia económica, Catarata-UIB, 2024

«El trabajo del profesor Manera constituye una reivindicación de la economía como ciencia que se sustente sobre sus metodologías, pero que siempre tenga en cuenta la profundidad cronológica de los procesos económicos. En este sentido, el libro es una llamada de atención para que economistas, gestores y profesionales que se dedican al análisis económico no pierdan de vista los resortes de pasados inmediatos, que son aleccionadores para los fenómenos presentes».

Profesor Antón Costas, Catedrático de Política Económica, Universitat de Barcelona; y Presidente del Consejo Económico y Social de España.

Publicado en ACTIVIDADES DE DIFUSIÓN ACADÉMICA | Deja un comentario

Opiniones sobre mi libro Economía en crisis. Aprendiendo de la historia económica, Catarata-UIB, Madrid, 2024

«Este libro propone una ontología innovadora: utiliza recurrentemente la historia económica para explicar los procesos de crecimiento y, sobre todo, para compararlos y extraer lecciones concretas para el presente y, en cierta medida, también para el futuro».

Profesor Luciano Segreto, Full Professor de Economía e Historia Económica, Università di Firenze

Publicado en ACTIVIDADES DE DIFUSIÓN ACADÉMICA | Deja un comentario

Política económica y capacidad de inversión: la función del sector público. Presentación en inglés en el Encuentro de Economistas en Pavía, 2023-2024. Conjuntamente con Ferran Navinés, José Pérez-Montiel y Javier Franconetti

Publicado en POLÍTICA ECONÓMICA | Deja un comentario

Un análisis sobre la economía sumergida: presentación en inglés en el World Economic History Congress, París. Aportación conjunta con José Antonio García-Barrero

Publicado en HISTORIA ECONÓMICA | Deja un comentario

Sobre la reciente evolución de la economía española

Publicado en ECONOMÍA ESPAÑOLA | Deja un comentario

Economías insulares: una caracterización para el Mediterráneo occidental (texto en catalán)

Publicado en ECONOMÍAS INSULARES, POLÍTICA ECONÓMICA | Deja un comentario

Las sombras de la caverna

Parece abrirse un mundo distópico, un mundo en el que el planeta pasa factura en forma de riadas, inundaciones, incendios, desequilibrios demográficos, todo por la acción humana, por sus consecuencias letales sobre el clima. Un proceso largo, acumulativo, devastador. En poco tiempo. Un mundo en el que personajes histriónicos fabrican discursos y generan relatos que lo niegan todo, que señalan, sin el más mínimo atisbo científico, que todo lo que sucede es producto de una conspiración, de una manipulación de no se sabe quién. El panorama geopolítico es igualmente inquietante: guerras abiertas en Europa, Oriente Próximo, y amenazas de grandes tensiones en Asia y en América Latina. También desde esos espacios aparecen voces que insuflan desunión, amenazas, crispación, violencia. Los resultados electorales en Estados Unidos consolidan nuevas vías de enfrentamiento, que en la economía tendrán sus manifestaciones en guerras comerciales que acabarán tensando los precios al alza y, por tanto, a tocar de nuevo también al alza los tipos de interés. Muchos de los precarios que han votado a Trump lo sufrirán en sus propias carnes: por obra y gracia de un magnate condenado y con treinta y cuatro causas pendientes. La estupidez humana no tiene límites. Los sueños de la sinrazón generan monstruos. Las poblaciones asisten a todo ese cúmulo de mensajes que viajan a través de las redes, creados por intoxicadores profesionales, próceres de la mentira y de la tergiversación, que estimulan las bajas pasiones de gentes descontentas, desesperadas. ¿Quién les financia? La furia guerracivilista se instaura en momentos precisos, con la manifestación genuina de las violencias verbal y física. Con el enaltecimiento de la ignorancia, de la emisión de conceptos vacíos de contenido, del señalamiento a enemigos a los que se debe derrotar por todos los medios: los posibles y los que no lo deberían ser.

Un mundo en el que se utiliza la palabra “pueblo” para confundir: solo el pueblo ayuda al pueblo, se dice en determinadas plataformas, por boca de esos tahúres de la falsedad. Un concepto, de nuevo vacío, que elude que las situaciones más complicadas que se han vivido durante catástrofes, se han resuelto por la intervención pública, por el papel del Estado en todas sus vertientes. Con todos sus defectos. Y ello no elimina que la solidaridad de la gente haya actuado con fuerza, con energía, con firmeza. Pero son los servicios públicos los que se despliegan, porque la intensidad de la solidaridad privada, básica, esencial, encomiable, no es suficiente para atajar la desproporción de los problemas. El negacionismo climático se ha visto sacudido; pero también el negacionismo fiscal, tributario. Esa idea peregrina de que reduciendo los impuestos todo irá mejor se da de bruces contra una realidad, que es tozuda: el Estado, en todas las grandes crisis económicas desde 1929, acaba actuando no solo para corregir los “errores del mercado”, sino para redireccionar e impulsar políticas de recuperación, de resiliencia.

Las conductas distópicas, fabuladoras, mentirosas, manipuladoras, tienen apoyos generosos de quienes viven mejor con la estrategia de la confusión: son las sombras de la caverna. Quienes pretenden utilizar la democracia para domarla, desde dentro, a su antojo, con la utilización de los poderes que –se presume– están separados. El objetivo es llegar al poder político cuando no se tiene, sea como sea, al precio que sea. Y solamente se respetan los canales democráticos cuando se ha alcanzado esa cima de decisión. Se está en ello. Los muy ricos ya han hechos sus apuestas, y ahora van a pasar las facturas correspondientes: lobbies tecnológicos, defensores de los combustibles fósiles, contrarios a los avances sociales, agresivos con un entorno cada vez más frágil. No es extraño que ante tanta estulticia el planeta se encabrite.

Publicado en GLOBALIZACIÓN ECONÓMICA | Deja un comentario

Un Nobel para la Historia Económica

            Peter Temin, un referente en la historia económica de la Gran Depresión, escribía en 2013 que “la historia económica fue central en el desarrollo de la economía a principios de siglo, pero perdió su posición principal rápidamente después de la Segunda Guerra Mundial, desapareciendo (…) a finales del siglo XX. Enseñé historia económica a estudiantes de posgrado del MIT en economía durante 45 años durante este largo declive y, en consecuencia, mi relato contiene un sesgo autobiográfico”. La queja de Temin es el arrinconamiento de la historia económica para el aprendizaje de los economistas en el Massachusetts Institute of Technology (MIT); de hecho, los estudiantes universitarios pueden tener una idea de la historia económica porque el departamento de historia del MIT tiene esa materia, que puede ser escogida por los alumnos de economía. Pero, dice Temin, los profesores y los estudiantes de posgrado están solos, y urge corregir ese desequilibrio. De entre esos profesores que cita Temin, está Daron Acemoglu, galardonado con el premio Nobel de Economía 2024 junto a sus colegas y coautores James Robinson y Simon Johnson. Los tres, historiadores económicos. Pareciera que el quejido justificado del maestro Temin ha dado algún resultado. Y el MIT, junto a la Universidad de Chicago, protagonizan el galardón.

            La historia económica, como parte esencial del conocimiento científico de la economía, está de enhorabuena. En 2022, el premio recayó en Ben Bernanke por sus investigaciones sobre las crisis financieras y, en particular, por su profundo conocimiento sobre el crac de 1929, que le supuso, por ejemplo, decidir mejor cuando se hallaba en el puente de mando de la FED en 2008, según él mismo ha confesado en unas memorias publicadas (Mis años en la Reserva Federal, Deusto, Barcelona). En 2023, Claudia Goldin, otra historiadora económica de la Universidad de Harvard y experta en la historia económica norteamericana (Understanding the Gender Gap. An Economic History of American Women, Oxford University Press, 1990), se alzó con el preciado premio, demostrando la evolución del trabajo de las mujeres casadas en las diferentes fases del crecimiento económico, desde la agricultura hasta la sociedad de servicios. Ahora, tres colegas de idéntico campo del conocimiento, alcanzan ese olimpo científico. Los trabajos de los tres expertos se condensan en múltiples aportaciones, de carácter más técnico (artículos en revistas de impacto, sobre temas variados; recientemente, muy centrados en el papel económico de la inteligencia artificial). Pero creo que son imprescindibles dos libros: uno editado en 2012 y firmado por Acemoglu y Robinson (¿Por qué fracasan los países?, Deusto, Barcelona); y otro publicado hace menos de un año, en 2023, de Acemoglu y Johnson (Poder y progreso, Deusto, Barcelona). En ambos trabajos, la característica central que los define es su profundidad cronológica: los autores se adentran en los temas que proponen –crecimiento económico, tecnología, cultura económica, etc.– utilizando potentes retrovisores. Escarbando en la historia económica, para entender mejor procesos actuales. Esto ha dotado estos dos libros de una erudición nada gratuita, con una profusión de argumentos, de narrativas y de conocimientos humanísticos que fortalecen las tesis que defienden.

            En el trabajo de Acemoglu y Robinson, se aporta la noción teórica de comportamientos económicos inclusivos y exclusivos, conceptos que han pasado a formar parte del acerbo no solo de los economistas, sino de los políticos. Se ha convertido esto, por tanto, en economía política. Los inclusivos son los que persiguen la eficiencia y la eficacia en un marco de colaboración y decisiones que persigan el bien común. Los exclusivos determinan visión egoísta de gobernantes y gestores, que buscan su enriquecimiento personal, sin pensar en el bien común. Acemoglu y Robinson plantean igualmente hipótesis de trabajo de por qué, por ejemplo, la revolución industrial británica se generó en Inglaterra y no en China, que tenía potentes condicionantes; o en Países Bajos, con un desarrollo económico muy avanzado. Y van desbrozando los argumentos de otros autores, descartando sus posturas para llegar a una conclusión que también se ha hecho extensiva: la importancia de poseer instituciones que generen crecimiento desde la inclusividad, de forma que rechazan las tesis weberianas y marxistas –que coincidían en algunos puntos en cuanto al atraso de determinadas geografías en el crecimiento económico–, muy centradas en el ámbito cultural.

            El libro de Acemoglu y Johnson es otro monumento a la erudición plenamente justificada. La investigación ahonda en los factores que caracterizan las economías orgánicas, remontándose hasta la época medieval, tras haber abordado, igualmente, elementos básicos de la revolución neolítica –con un conocimiento preciso de las contribuciones de Gordon Childe–, hasta transitar, tras detenerse en diferentes estaciones, en la revolución industrial 4.0. Acemoglu y Johnson son críticos con la evolución de un crecimiento económico observado generalmente en clave tecnológica. Incluso reivindican un posicionamiento más igualitario de sociedades menos avanzadas tecnológicamente –como algunas civilizaciones antiguas– con afirmaciones contundentes: “[en las civilizaciones] que se dedicaban al cultivo del cereal, la mayoría de la población vivía peor que sus antepasados cazadores-recolectores. Las élites mejoraron su posición gracias al nuevo sistema de agricultura sedentaria”. Este axioma nos recuerda al Sapiens de Harari, cuando realiza afirmaciones muy parecidas. Acemoglu y Johnson colocan la economía en un plano dialéctico, histórico, contrastado, evolutivo, en el que no aparecen individuos solos con informaciones simétricas y perfectas. Por el contrario, lo que se nos brinda es un análisis exhaustivo y desequilibrado que va desde el Neolítico hasta la robotización presente; un estudio que tiene clases sociales en su interior, con sus contradicciones y sus luchas. Y con las desigualdades como corolarios explícitos a la mayor parte de los crecimientos económicos analizados, en los que, de nuevo, Acemoglu recuerda su libro anterior –el firmado con Robinson– y vuelve a enaltecer la importancia de las instituciones inclusivas para mantener un desarrollo económico que extienda mayores cotas de bienestar. De ahí que este segundo libro sea crítico con la inteligencia artificial (o, mejor dicho, no es tan condescendiente con ella), al señalar que las nuevas tecnologías digitales han creado grandes fortunas, pero el salario real de la mayoría de trabajadores apenas ha aumentado. O que los robots no aportan ningún beneficio, o escaso a los trabajadores si no vienen acompañados de otras tecnologías que creen nuevas oportunidades para la mano de obra humana.

            Resulta imposible sintetizar en pocas cuartillas lo que ofrecen estos dos trabajos. Lo que sí es relevante subrayar es que este premio Nobel –como el del año pasado– da un espaldarazo a la historia económica, una parte central de la economía bastante ignorada en los planes de estudio universitarios y en la formación continua de los economistas. Nos equivocaríamos menos todos los economistas si supiéramos más historia económica. Por ello, debemos agradecer a estos colegas agraciados con el preciado premio sus grandes aportaciones. Estoy seguro que Peter Temin, a sus 86 años, hoy, descorchará una botella de champán, y brindará con Acemoglu, ambos emocionados, en algún despacho del MIT. Un triunfo de los historiadores económicos.

Publicado en Sin categoría | Deja un comentario

Demasiada crispación que tapa los resultados económicos

            Un titular del Financial Times, firmado por Barney Jopson y Alex Irwin, reza: España, a punto de superar a Estados Unidos como la economía avanzada que más crece. Las causas: el turismo, la exportación de servicios no turísticos, la inversión extranjera y…el gasto público y la inmigración. En efecto, no solo es el gasto turístico, producto de la recuperación de los viajes y de la economía del ocio; son también los servicios de alto valor añadido los que están contribuyendo al crecimiento de los servicios en su relación con el PIB. Y, por extensión, apuntalan la expansión. La EPA aporta igualmente datos al respecto: creación de ocupación en nichos de mayor valor añadido. Algo se mueve en la estructura económica. Resulta imposible encontrar en el pasado más inmediato una situación como la descrita, situación que no está exenta de problemas y desafíos. Además, otro elemento debe tenerse en cuenta: la productividad aparente del trabajo no es tan anémica como a veces se cree, en función de algunas consideraciones metodológicas que se están trabajando y que se han presentado en foros académicos.

            En paralelo, Alemania cerrará 2024 con dos años continuados en recesión, algo que no se observaba en las últimas décadas. Las reformas que se inscribieron a fuego para los países del sur por parte de la nomenclatura germánica en 2010, no se han realizado adaptadas a la realidad de la economía alemana durante los últimos quince años. Con la incertidumbre por la situación política y económica en Francia, la suma de los problemas en las dos locomotoras europeas sitúa a la Unión en un escenario insólito: resulta que son esos países del sur de Europa, principalmente España, aquellos que eran considerados como poco eficientes, los que están matizando el retroceso agregado europeo.

            Esta situación es la que obligaría a repensar las reglas fiscales que se han aprobado para las economías europeas desde la Comisión, reglas a aplicar a partir de 2025 y por un período de siete años, a razón de un ajuste de 0,4 puntos porcentuales del PIB cada año. Quizás no sea solo la economía española la que necesite la revisión de esa norma; y tal vez a Alemania y Francia les convenga ser más flexibles con su aplicación en una vía concreta: una doble velocidad en la adaptación de esas reglas que, en síntesis, pueden suponer una contracción del gasto público. Precisamente, una de las palancas que el Financial Times esgrime como determinante para que España esté en la positiva posición que tiene.

            Todos estos datos –y otros que pueden aportarse– están tapados, casi silenciados, por el ruido de la crispación política, más focalizada en otros temas –algunos relevantes– pero con la insistencia en algunos otros que se están explotando de manera recurrente por los firmes opositores –políticos, mediáticos, jurídicos– al gobierno, utilizando mentiras y bulos. El humo cegaba los ojos, en una memorable canción de The Platters. El ruido, esta batucada tremenda sin descanso, impide escuchar avances positivos en la economía. Que afectan a todos. Sería importante que se conocieran mejor, silenciando el ruido sin sentido.

Publicado en ECONOMÍA ESPAÑOLA | Deja un comentario

Élites extractivas (a propósito del reciente Premio Nobel de Economía)

            Explico a estudiantes de primero de Economía y de cuarto de Historia el concepto de élites e instituciones inclusivas y extractivas. Esto se perfiló en el libro ¿Por qué fracasan los países?, firmado en 2012 por los profesores Daron Acemoglu y James Robinson. El libro, junto a otro que también conocen los estudiantes, Poder y progreso, escrito por Acemoglu y Samuel Johnson en 2023, les ha valido a los tres el premio Nobel de Economía 2024. Los autores definen las élites e instituciones inclusivas como aquellas que persiguen la eficiencia y la eficacia en un marco de colaboración y decisiones que busquen el bien común. Las extractivas, por su parte, determinan una visión egoísta de gobernantes y gestores, que buscan su enriquecimiento personal, sin pensar en el bien común.

            El corolario es claro: la “extractividad” conduce a un deterioro no solo económico, sino también social, político, cultural. Ético. Podemos creer que todo esto anida en la economía y en la política, como exponentes del fenómeno; se trata de exponentes máximos. Pero ello atañe también a otros ámbitos de la sociedad. Estamos viendo estrategias políticas edificadas sobre la judicialización de todo: el poder judicial actuando como sustitutivo del accionar político, algo absolutamente impropio de estados democráticos. Se ven movimientos impunes desde determinados medios de comunicación y redes sociales. Impunes en el sentido de verter mentiras de forma recurrente, a sabiendas que lo son, con el objetivo de dañar a instituciones y personas, para un beneficio particular. El “extractivismo” tiene múltiples posibilidades, y esto es lo que provoca desazón social o, peor, la creencia de que lo que se dice en esas palestras es veraz. Mentiras, bulos, tergiversaciones, calumnias, todo parece valer, poniendo en jaque a las democracias reconocidas, cuando parte de sus esfuerzos radica en demostrar que las mentiras –que se sabe que lo son– deben ser contrarrestadas. El fenómeno es internacional: desde Trump hasta Milei, pasando por Orban, Meloni, Le Pen, el conjunto de patrañas informativas se adscriben, esencialmente, a opciones ultraconservadoras, una especie de caballo troyano que persigue tensionar la ciudad democrática desde su interior. Y con extensión de la toxicidad hacia las opciones tradicionales de la derecha conservadora.

            Este comportamiento engarza con la idea de “extractivismo” que rige en determinados políticos, junto a sus microcosmos particulares –segmentos de la judicatura, ciertos medios de comunicación, analistas concretos–. La pérdida del poder, o la dificultad para acceder a él, alimenta conductas que no velan por el bien común, por esa idea de “inclusividad” sobre la que nos ilustran Acemoglu, Robinson y Johnson. Los fomentadores de tales estrategias no presentan alternativa alguna sobre política económica, social, ambiental, internacional, educativa, sanitaria, más allá de la formulación de unos tópicos –bajar los impuestos, menos gobierno y una libertad que no se concreta ni se especifica– que son el anclaje a un pasado inmovilista. Buscan la quiebra humana de un adversario que ha devenido enemigo. Élites extractivas puras y duras.

Publicado en CAPITALISMO, POLÍTICA ECONÓMICA, TEORÍA ECONÓMICA Y PENSAMIENTO ECONÓMICO | Deja un comentario