Los retos del desarrollo turístico

Las Ferias Turísticas ponen sobre el tapete un tema central en la economía turística actual: el avance de competidores serios para el producto generado en Baleares. El tema se incardina en un contexto mucho más amplio, que es el Mare Nostrum. En efecto, este mar cerrado, una de las principales áreas turísticas de todo el mundo, no es ajeno a las recientes tendencias en el mercado turístico. El alza de destinos diferentes a los tradicionales (Francia, España e Italia) ha sido importante en los últimos años, al mismo tiempo que se ha incrementado el número de viajeros procedentes de Oriente Medio y del Sudeste Asiático.

En paralelo, la importancia económica del turismo como generador de renta y empleo ha aumentado, si bien sus impactos negativos, afinados en términos de congestión poblacional y de concentración de alojamiento turístico, se han incrementado y extendido por toda la ribera.

Pero el turismo es, sin duda, una gran oportunidad de crecimiento para el espacio mediterráneo, especialmente para aquellos países menos desarrollados. También lo es para las islas que aún no han espoleado plenamente su potencialidad turística. En el largo plazo, la especialización productiva en pocos sectores no tiene porqué generar efectos perniciosos (como lo demuestra el hecho que las regiones más desarrolladas en Francia, España e Italia son aquellas que disponen de una estructura económica más especializada). Es por ello que veo con un cierto escepticismo las consecuencias de posibles “enfermedades holandesas” en el ámbito balear. Además, ante las previsiones de la Organización Mundial del Turismo, que pronostican un moderado crecimiento anual del 2% del número de llegadas internacionales por motivos de ocio y vacaciones hasta el 2020, y ante un escenario con la presencia de destinos emergentes plenamente consolidados –competitivos ya no tan sólo en precios–, se prevé un importante aumento de la concurrencia en el Mediterráneo. Por tanto, en los próximos años puede abrirse un proceso de ajuste, concentrado en las zonas costeras altamente especializadas en la actividad turística. Baleares, pionera en turismo de masas, se verá también inmersa en esas coordenadas. La lección para las economías insulares mediterráneas es que el vector medioambiental se ha de cuidar especialmente, sin olvidar el resto de factores que determinan la calidad del producto turístico, como la mano de obra cualificada y el desarrollo de un Sistema Regional de Innovación –con colaboraciones claras con las universidades–, herramienta básica para la formación de capital humano y, por consiguiente, para un mejor desarrollo de la productividad y de la competitividad.

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