Caen las Bolsas, cae el petróleo: relaciones difíciles de entender

El petróleo baja. Las Bolsas, también. Asistimos a un comienzo de año negativo, como no se había visto desde hace años. La relación que se mantiene entre ambos indicadores es difícil de entender, a pesar de que todos los analistas la invocan. La caída en los precios de la energía, que constituye una bendición para los consumidores, se transforma en un caos macroeconómico, trasladado a los desplomes generalizados en los parqués. ¿Qué está pasando? De entrada, el petróleo se deprecia por su abundancia en el mercado, una situación que matiza, aunque sea momentáneamente, la tesis del fin del petróleo barato. Estamos ante una contradicción más en la globalización económica. En paralelo, los problemas endógenos de la economía china arrastran una grave crisis de demanda del coloso asiático: su declive coyuntural impacta sobre el las materias primas de todo tipo. El petróleo no es una excepción. El refugio es entonces el oro y la deuda pública. No la persecución de inversiones productivas que puedan generar posibles beneficios en plazos más o menos inmediatos. En Davos, la inquietud se apodera de los principales líderes y de los grandes capitanes empresariales.

Las caídas bursátiles darán paso a recuperaciones posteriores: la adquisición de títulos que se han ido depreciando con los movimientos espasmódicos. Todo ello indica que seguimos instalados en una crisis que no se ha superado y que seguirá teniendo manifestaciones que van a dibujarse en las evoluciones drásticas de las cotizaciones (un baja y sube, un sube y baja que despista e infiere todavía más incertidumbre).

Mario Draghi se ha empleado a fondo, una vez más: ya ha indicado que pondrá todas sus baterías artilleras en marcha, palabras que reanimaron los parqués. Más animals spirits, que van a instalarse sin tregua. Pero la política monetaria del BCE está ya tocando fondo. Advertimos ya trampas de liquidez. Va a ser cada vez más necesaria la implementación de políticas fiscales, hecho que no encaja con los preceptos de Bruselas de mantener el rigor presupuestario y el control estricto de los déficits públicos.

Mientras Europa no abogue, de manera decidida, por planes efectivos de inversión, con mayores laxitudes financieras –lo cual no debe interpretarse como desregulaciones en esos mercados–, resultará harto difícil salir de este atolladero que va a tener al capital, siempre temeroso, refugiado en lo que se consideran valores seguros. Y éstos no son, ahora mismo, la inversión productiva.

Anuncios
Esta entrada fue publicada en GLOBALIZACIÓN ECONÓMICA. Guarda el enlace permanente.

Responder

Por favor, inicia sesión con uno de estos métodos para publicar tu comentario:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s