Podemos ¿quiere un nuevo gobierno?

La propuesta de Podemos es, de nuevo, una carga de profundidad para un posible pacto de gobierno. Está claro que estamos ante un escenario de negociación, en el que los jugadores amplifican sus propuestas y puestas en escena. Pero éstas últimas no son triviales: los documentos de Podemos y del PSOE guardan escasas diferencias programáticas. Podría afirmarse que los puntos en común son mayoritarios, de forma que no existen escollos insalvables entre ambos textos. Sin embargo, la rueda de prensa de Iglesias, arrogándose en candidato virtual a la Moncloa, una vez más, rompe con las reglas del juego: enfatizar el tema del referéndum de Catalunya, un factor que Podemos sabe que es inasumible para los socialistas, junto a la reclamación de una vicepresidencia con amplísimas competencias, supone, de facto, marcar toda la agenda del nuevo gobierno. Es una presidencia bis, un alter ego del presidente, que Podemos puede argumentar en aras de su cacareada desconfianza ante sus posibles socios.

La arrogancia que destila Iglesias es un elemento muy negativo para concordar posturas. En una negociación, se deben sentar, a partir de papeles y números, los equipos negociadores, como se ha hecho siempre. No sobre la posición caudillista de un líder, por muy carismático que crea ser. Los miembros de Podemos, que se han revelado como muy eficientes en el ámbito de la comunicación y en las protestas ciudadanas, adolecen de serios déficits cuando se acercan a las estructuras de poder que pretenden transformar. Sólo así pueden entenderse los cambios abruptos de líneas rojas de la formación morada, y sus vaivenes en los principios, otrora inamovibles, que profesan.

El 2 de marzo un candidato socialista se presentará ante el Congreso de Diputados para encarar su investidura. Se sabrá, entonces –junto a jornadas posteriores– quién está por la labor de edificar un nuevo gobierno y quién piensa, estrictamente, en tacticismos electorales. Llegar a una nuevas elecciones no es un drama en si mismo; el mundo no se hunde. Pero quién impide, con su obcecación, el cambio, habrá hecho perder casi un año a este país, habida cuenta que los comicios serían a fines de junio y hasta bien entrado septiembre no tendríamos medida alguna para afrontar los problemas de la ciudadanía.

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