El debate económico-electoral español

¿Qué propuestas ven ustedes creíbles en los discursos que se ofrecen en la campaña electoral española? La verdad es que creíbles, pocas. Veamos dos elementos centrales, que ya han aparecido en debates y coloquios; no son, por supuesto, únicos. Pero sí bastante ilustrativos:

  1. La bajada de impuestos. Es éste un recurso que se renueva en cada convocatoria electoral. Suele enarbolarlo la derecha, si bien hace unos años fue igualmente invocado por los socialistas, equivocadamente. Las reducciones fiscales no generan de forma automática crecimiento económico ni provocan, también de manera mecánica, mayores recaudaciones tributarias. Más bien al contrario: contraen las capacidades públicas para hacer frente a servicios perentorios para la ciudadanía. Reducir impuestos tendrá como contrapartida reducir gasto público; es decir, recortar. No crean a quienes prometen esas contracciones impositivas sin tocar una pluma del Estado del Bienestar: es más bien la antesala de su desguace.
  2. Incrementar el gasto público, sin especificar con rigor de dónde obtener las partidas de ingreso. Esto suele ser igualmente reiterado, sobre todo por parte de partidos de izquierda con escasa trayectoria de gestión. Los políticos de esas opciones parecen tener solución a todo y, además, indican que tales salidas son fáciles y sencillas. De alguna forma, acaban por creerse ese sacrosanto principio económico del caeteris paribus: nada se va a mover ante el movimiento que se desarrolle. Se obvian los detalles desagregados de la política de ingresos (que sólo se expone en sus soflamas más generalistas) y se olvida que la economía se encuentra emplazada en un contexto europeo, en el que rigen una serie de normas y preceptos que requieren de negociaciones que son cualquier cosa menos sencillas. El caso de Grecia es elocuente al respecto. Tampoco uno puede creer en tales argumentos y promesas.

¿Qué temas debieran abordarse, con números concretos en la mano (ésta es la clave de la credibilidad), teniendo bien presente la realidad económica del país? Apunto sólo unos ejes de debate:

a) La adopción de un plan de inversiones, en el que la voz de las autonomías fuera escuchada, para cumplir así con las leyes orgánicas de los Estatutos correspondientes.

b) La fijación de una renta mínima destinada a la franja social más vulnerable.

c) El diseño de una política fiscal progresiva, que incidiera sobre todo en el IRPF y en los tramos más elevados. Elevar la fiscalidad indirecta no debiera ser un objetivo prioritario en la política fiscal.

d) Incorporar una nueva figura tributaria con un destino finalista: la preservación de las pensiones públicas, habida cuenta el enorme vaciado que se ha infringido a la hucha de la Seguridad Social.

e) Repensar la legislación laboral, partiendo de la base que las reformas laborales recientes han resultado lesivas para los intereses de los trabajadores. En tal sentido, urge que la gobernanza económica sea de nuevo una hoja de ruta para los gobernantes, de forma que se arbitren formas de negociación con patronales y sindicatos.

f) Estimular la política educativa, de manera especial la franja de edad de 0 a 3 años, para facilitar la integración laboral de las mujeres en trabajos estables y más seguros. La colaboración con las comunidades autónomas es decisiva en este campo.

g) Dinamizar la Ley de Dependencia, también en cooperación con las regiones.

h) Concretar un nuevo modelo de financiación autonómica y, a la vez, cambiar por completo las reglas de cumplimiento del déficit público, que siempre penalizan las economías regionales, que son las que tienen las políticas de gasto más rígidas.

i) Establecer alianzas ínter-europeas para redimensionar las exigencias en el calendario del cumplimiento del déficit público.

Todos estos puntos, que deben tomarse a título de inventario, tendrían que ser debatidos con datos y cifras, huyendo de retóricas vacías de contenido. Y deberían formar parte de un programa económico de trabajo que habría de aplicar los recursos disponibles, con la premisa clara de que no todo puede hacerse al tiempo y completamente. Aquí, arrinconar la demagogia fácil, el dogmatismo y estimular la pedagogía serían factores a considerar. Ante esto, permítanme que, a pesar del voluntarismo, sea escéptico.

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