Cambio climático: la lucha necesaria

La amenaza del cambio climático es una realidad. El impacto del clima sobre la economía no es, sin embargo, un fenómeno nuevo. En 1800, William Herschel, astrónomo, indicó que existía una correlación entre la aparición de manchas solares y las variaciones en el precio de los cereales: pensaba que las manchas solares suponían un aumento del calor irradiado y, por tanto, una mejora de las cosechas terrestres. Esto fue objeto de estudio por parte de William Jevons, el gran economista marginalista, en forma de investigación estadística. Jevons ayudó a construir un importante cuerpo teórico para la economía académica. Y enfatizó la relevancia de los recursos naturales (y de su escasez) para el crecimiento económico. En su libro The Coal Question (1865) indicó que sustentar todo el desarrollo sobre una fuente de energía limitada –como el carbón– representaba consumir un capital natural que se acabaría agotando, de manera que resultaba imprescindible pensar en nuevos vectores energéticos.

Hoy en día, combustibles fósiles y clima guardan una relación intensa. Algunos gobiernos adoptan medidas para atajar el grave problema. Otros, lo ignoran (Estados Unidos: Trump) o lo ningunean (España). Pero los datos son tozudos. Y temibles. Las variaciones de las partículas de CO2 actualmente son las mayores detectadas por la NASA a lo largo de 400.000 años: 400 partículas por millón. Esto no ha sido producido por variaciones en la órbita de la Tierra, sino por la propia actividad del hombre: aumento de la polución. Toda esta información ha sido proporcionada por satélites: Sputnik, Explorer, Asterix, Osumi, Dan Fang Hong; y también por otros avances tecnológicos que han mejorado la medición del calentamiento global del planeta. Por otra parte, recientes estudios arrojan resultados inquietantes:

  • British Petrolium, 2016: China es el primer emisor mundial de CO2: 41 millones de toneladas. Las empezó a reducir en 2012.
  • World Resources Institute, 2016: del total de emisiones de CO2, la energía generó el 27%, la industria el 26%, los hogares el 19%, agricultura 12%, transportes 11%, servicios 5%.
  • Nature Climate Change, 2017: 90% de probabilidades de que a fines del siglo XXI la temperatura media haya aumentado entre 2 y 4,9 grados (media de 3,2 grados). Dargan Friedson, autor de este estudio, indica que si no se cumplen Acuerdos de París (1,5 grados), se puede llegar a una catástrofe.
  • Nature Geoscience, 2017; Richard Millar, autor: a partir de 2035, se puede alcanzar el objetivo de reducción de 1,5 grados, y mantenerlo hasta 2100.

Todas estas variables tienen corolarios nacionales. Y, por supuesto, regionales. La medición económica con indicadores biofísicos se convierte, cada vez más, en una necesidad perentoria para los gobiernos. Las redacciones de leyes específicas tendentes a paliar los efectos del cambio climático, constituyen herramientas esenciales para la aplicación de políticas públicas. En tal contexto, debe saludarse positivamente la elaboración por el Govern de una ley para Balears, que ha de traducirse en medidas concretas con horizontes temporales inmediatos.

 

 

 

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