Guerra e incertidumbre económica

            La incertidumbre se encumbra en la economía mundial. Las variables que se consideraban también inciertas –pero con algún atisbo de realidad– hasta la invasión de Ucrania por Rusia, han cedido paso a un estado de gran vulnerabilidad. Un shock de oferta –parecido al vivido con la pandemia– sin aparentes causas económicas –igual que con el coronavirus–, pero con tres consecuencias comunes: tensión financiera, menor crecimiento económico y repunte de la inflación. El impacto sobre los mercados es severo, con cuatro vectores básicos:

  • Caída de las bolsas, con recuperaciones tras la comunicación de las sanciones por parte de Estados Unidos y la Unión Europea;
  • Aumento en los precios de la energía, sobre incrementos ya detectados antes del estallido de la guerra;
  • Afectación muy directa sobre la economía rusa, un aspecto que algunos analistas han minimizado, pero que ya tiene datos concretos de recesión, como la caída del 30% de la bolsa rusa, la depreciación del rublo, la rebaja del rating de la deuda soberana de Rusia;
  • Subidas en las primas de riesgo de España, Italia y Portugal.

Ahora bien, otras consideraciones son relevantes:

  1. La política monetaria, con un interrogante claro, lo que podríamos calificar la pregunta del millón de euros: ¿subirán los tipos de interés en Europa, ante el repunte de la inflación? (7,4% en España; subyacente: 5%). Probablemente no, por una causa central: el shock inflacionario, en el corto plazo –que es lo que estamos viviendo– puede tener horizontes deflacionarios –caídas de los precios– a medio plazo, en función de la política monetaria desplegada. Se ha visto en otros momentos de la historia económica. Porque una subida de tipos ralentizará sin duda la demanda. Esto lo sabe el Banco Central Europeo, que opera en un marco distinto a la Reserva Federal de Estados Unidos. La recuperación europea está siendo más lenta que la norteamericana. En este contexto, son más aconsejables políticas de “aterrizaje suave”, es decir, más moderadas y cautelosas en el manejo de los tipos de interés. No olvidemos que ante una situación parecida a la que se está viviendo ahora, en otras coyunturas como la guerra de Kosovo, la invasión de Irak o la Primavera Árabe, la Reserva Federal optó por aplazar decisiones más duras sobre los tipos de interés. Tomemos nota de esto. En cualquier caso, la situación puede derivar en una normalización gradual de la política monetaria, en un sentido: paliar la presión sobre subidas inmediatas en los tipos de interés.
  2. La política fiscal y la actitud de la Comisión Europea pueden mantener la flexibilidad en las reglas de “equilibrio”, adoptada tras el coronavirus. Permisividad fiscal, menor consolidación fiscal, nuevos paquetes económicos de carácter expansivo. Las posiciones de Alemania y Francia van en esta dirección, con el gasto militar como divisa. Más dinero para encarar los efectos de la guerra, tras la relativa mejora en la evolución de la pandemia.

Una apostilla sobre España: la exposición bancaria es reducida, en relación a Rusia y Ucrania. Tranquilidad aquí. No así en el caso de grandes empresas energéticas, agroalimentarias, textiles. Pueden verse afectadas por el bloqueo del Swift. Atentos a los próximos días. Esto cambia rápido: de nuevo, la incertidumbre.

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