El impacto en Baleares de la Gran Recesión

Ignorar el cataclismo económico que asoló el mundo a partir de 2008, con el inicio de la Gran Recesión, es de una enorme ignorancia. Descuidar que el año 2009, según todos los datos disponibles, fue el gran socavón de las economías avanzadas, incluyendo la de Balears –y ello significó grandes esfuerzos políticos y presupuestarios–, es de una desmemoria esperpéntica. Pensar que la política económica que se puso en marcha en Balears (más gasto público, más déficit, más deuda) era un proceso aislado, constituye una nueva muestra de estulticia. Todos los gobiernos del mundo (todos: de cualquier signo ideológico) hicieron lo mismo, porque era lo que se conocía que se podía y se debía hacer en un escenario de fuerte desplome económico, parecido a la crisis de los años 1930: parar la hemorragia, estimular al enfermo. Se lideró esa respuesta desde Estados Unidos, de la mano de un republicano en la presidencia de la Reserva Federal, con grandes conocimientos de Historia Económica (máximo experto en el crack de 1929). Hizo lo contrario que se ejecutó en la década de los treinta y evitó una nueva Gran Depresión, según se reconoce desde buena parte de la academia en Estados Unidos, Europa y Japón. Así, se dispararon los déficits y las deudas; se desarrollaron políticas de expansión fiscal y monetaria. Se intentaba detener el barrido que padecía la demanda agregada. Esas palancas de contención duraron apenas un año, en un contexto en el que se hablaba, incluso, de refundar el capitalismo. Deben recordarse estas cosas, porque la memoria es muy frágil (para algunos).

Cuando la macroeconomía empezaba a remontar, tímidamente, el vuelo, y se llegaban a resultados positivos, se retiraron en Europa los estímulos económicos. Debe decirse que éstos todavía continúan en Estados Unidos, con resultados bien significativos, en contraste con la Unión Europea, donde domina la ortodoxia del patrón oro, es decir, la austeridad a ultranza: esta que tanto gusta a los conservadores y que, según ellos, nos conduce al nirvana económico. A fines del 2009, los PIB emergieron hasta tasas más modestas, por encima de cero, en los primeros meses de 2010. También en Balears. La tendencia parecía que seguiría así. Pero no: las obligaciones comunitarias cercenaron, en el sur de Europa, una posibilidad tangible de recuperación. Como digo, Estados Unidos, ahora con la nueva presidenta de la Reserva Federal, se plantea objetivos más ambiciosos: reducir el paro por debajo del 6%, con los instrumentos monetarios y fiscales disponibles. Produce envidia sana. Muy lejos queda el Banco Central Europeo. El PP, en otra galaxia.

En Balears, se incrementó el déficit hasta situarlo en más del 4% sobre PIB, y se aumentó un 60% la deuda pública entre 2007 y el primer trimestre de 2011. Nunca se escondieron esos datos, que se presentaron en sede parlamentaria. Pero, al mismo tiempo, se invirtió mucho en ese período 2007-2010: con presupuesto propio y con la negociación de las inversiones del Estado en las islas. Esta inversión conjunta fue de alrededor de 1.800 millones de euros en tres años, toda vez que el cuarto año de la legislatura el presupuesto se prorrogó. Se hicieron escuelas, centros de salud, reformas hospitalarias, se desarrolló el ParcBit y, con muchas dificultades, se cubrieron compromisos de la ley de Dependencia. No se pensó en cerrar hospitales, ni institutos; ni se despidieron masivamente profesores, médicos, sanitarios, administrativos. En todo este complicado proceso se cometieron errores, sin duda. Pero no se crearon conflictos innecesarios en los campos de la Educación y de la Sanidad, más allá de los propios que afectan a reivindicaciones sindicales. Se trabajó sinérgicamente con patronales, sindicatos y otras organizaciones, al margen de las desavenencias y los disensos. La gobernanza, que hace carcajear al PP y que es una práctica política extendida en toda Europa, era un hilo conductor de todos los procesos.

La crisis, sin embargo, pasó facturas graves en Baleares, que hubieran sido más letales si no se hubiera actuado como se hizo. Dos recientes trabajos han dedicado esfuerzos explicativos a abordar un tema importante: el aumento de la pobreza en las regiones españolas durante la Gran Recesión. Se trata de un estudio publicado por la Fundación Bancaja y el Instituto Valenciano de Investigaciones Económicas; y, el otro, un monográfico de la prestigiosa revista Papeles de Economía Española. La profusión de estadísticas que recogen estas contribuciones hace que, como pasa con los números, cada uno escoja los que más le convienen. Estamos ante trabajos científicos que ponderan muchas variables, y que desagregan situaciones económicas, sociales, formativas, en indicadores precisos. Pero pienso que la adopción de indicadores claramente sintéticos –que compilan problemas en los mercados de trabajo y aspectos relevantes de las desigualdades sociales–, expuestos así en los textos que suscriben los profesores que los elaboraron, ayudan a entender mejor la factura social de la Gran Recesión. Paso a comentarlos.

  1. El Índice de Pobreza Humana: es una variable que combina aspectos de la pobreza económica (renta, desempleo) y de capital humano (entendido aquí como esfuerzo en salud y educación). Se trata, por tanto, de un indicador de síntesis, compacto y robusto, que nuclea elementos económicos, laborales y sociales. Entre 2007 y 2011, los mayores aumentos en los índices de pobreza humana fueron en Canarias (18%), Valencia (11%) y Baleares (9%; muy alejado, sin embargo, de cifras que se han ido ofreciendo sobre pobreza en las islas, sin las ponderaciones correspondientes). Economías con fuerte dependencia turística y con importantes orientaciones inmobiliarias –es decir, con economías de mercado en esas especializaciones–, son las que se vieron más afectadas socialmente. Por eso, pensar que una persona hunde una economía –o la salva– es pretencioso, en cualquiera de los dos sentidos, salvo en casos muy excepcionales. Podría recordarse que en Canarias, con ese 18% de aumento de pobreza, el consejero de Economía y Hacienda era un tal José Manuel Soria, hoy Ministro. O que en la Valencia del 11%, el presidente era un señor que se llama Francisco Camps. Ambos del PP.
  2. Pobreza en capital humano: indicador que combina salud y educación. En Baleares, entre 2007 y 2011 se redujo ese indicador casi 20 puntos, mientras que en la media nacional la contracción fue de 8 puntos. Esto quiere decir que hubo un comportamiento positivo en los datos que miden la salud y la educación en Baleares durante la etapa del Pacte. Aquí, sin duda, la función inversora fue determinante para que esto fuera así.
  3. El abandono temprano de los estudios: este indicador resulta igualmente crucial para evaluar el proceso evolutivo de formación. En Baleares, si en 2007 el 44,24% de la población abandonó los estudios, en 2011 fue el 31,97%: 13 puntos de recorte positivo, frente a 3 puntos de la media nacional. Sin duda, la crisis económica redujo la capacidad de las empresas en la contratación de jóvenes, hecho que solía cualificar el mercado de trabajo insular en las épocas económicas más expansivas; pero no es menos cierto que el mantenimiento y promoción de infraestructuras educativas y de personal entre 2007 y 2011 contribuyeron a enjugar la factura social. De nuevo, la inversión supone mantener el crecimiento, apelmazar las recesiones y contribuir a la reducción de las desigualdades.

Las recetas aplicadas durante esta crisis resultan ineficaces. En España, en Balears, en Europa, menos gasto público –cuando el privado sigue anémico y los créditos fluyen poco– no beneficiará la resolución del problema del déficit. El gasto debe ir emparejado a una política de ingresos con carácter progresivo y a actuaciones del Banco Central Europeo. Y en Balears se deben preservar inversiones sociales como principal medida para encarar la crisis.

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