¿Se recupera la economía?

¿Volvemos a las andadas? La economía sigue dando grandes bandazos. Hace pocos días, la alarma china asustaba a los mercados; todas las Bolsas cayeron y se produjo una fuerte sensación de desconfianza. La intervención decidida del Banco Central de China ha impedido que la caída se prolongue. El interés chino es evidente: sabedores de que son un poder económico en crecimiento, los gobernantes han usado las grandes herramientas de la política monetaria para dar una señal clave de fortaleza y, al tiempo, indicar a la Reserva Federal que no suba los tipos de interés para evitar males mayores. Las caídas en las cotizaciones, estimadas en unos cinco billones de dólares, han sido parcialmente cubiertas por generosas inyecciones de liquidez por parte de Pekín. En paralelo, las cifras del consumo interior en economías como la española y la norteamericana infieren otro corolario: el PIB crece y, en el caso de España, lo hace a tasas interanuales que superan el 3%. Las noticias serían muy positivas si existieran visos claros de que este crecimiento es robusto y sostenido en el tiempo. Esa es la cuestión: ¿estamos en una fase alcista o se trata sólo de un repunte coyuntural? Mi impresión va más en la segunda dirección. Varias consideraciones avalan esta idea:

  1. Las caídas en las Bolsas suelen ir seguidas de jornadas de alzas en las cotizaciones: la recompra de activos por particulares o por gobiernos explica tal movimiento que, ficticiamente, sugiere una recuperación que tal vez no exista. Las ventas provocan una depreciación de sus activos, una caída en sus precios y un bocado apetecible para dealers privados; las administraciones también actúan con contundencia para impedir que un desplome más amplio alimente el pánico bursátil. Aparecen así los “sostenes organizados”, que hacen justamente esto: aguantar la caída en el precipicio. Por tanto, la evolución bursátil es un buen indicador que, sin embargo, debe analizarse sin perder de vista lo que está aconteciendo en las entrañas de la economía real.
  2. Los problemas internos de China siguen ahí: pérdida de su capacidad exportadora, raquítico avance de su mercado interior, salarios bajos, retroceso inversor, dificultades financieras de las populosas regiones chinas, la descoordinación del sistema financiero chino –con la existencia de una banca informal que presiona sobre las necesidades de crédito y los tipos de interés–, formación de burbujas inmobiliarias, son algunas piezas que constituyen un mosaico que no va a cambiar sólo con la mayor agresividad del Banco Central chino. Son necesarias políticas económicas endógenas, de cambio real, que activen la demanda china y promuevan un aumento de sus importaciones.
  3. Significados países emergentes, como Brasil, están ya en recesión técnica: -4,3% en el segundo trimestre de 2015, proceso que impacta de forma negativa sobre otras economías latinoamericanas dependientes de la brasileña o muy relacionadas con ella. Rusia, India y Suráfrica conocen, asimismo, reducciones en su expansión económica, de forma que importantes países productores de materias primas y consumidores de productos intermedios y acabados pueden tener problemas severos. Esto explicaría, por ejemplo, la caída en los precios de los inputs más significados, con el petróleo en cabeza, que en un año se ha desplomado un 54% y ha arrastrado a oro, plata, platino, hierro y materias primas alimenticias como el arroz, la soja y las harinas. El menor crecimiento chino representa, a su vez, un factor que contribuye a reducir los precios de esas materias primas.
  4. En Estados Unidos, los síntomas de fortaleza son mayores y reconocidos desde hace ya más de dos años. La celeridad con la que actuó la Reserva Federal desde 2008 allanó al terreno de la recuperación. Pero, atención, los bajos tipos de interés, de orden ya negativo, pueden provocar nuevos escenarios alcistas en la bolsa de valores; es decir, pueden estar generando otras burbujas que debieran contenerse –y evitarse– con mecanismos más férreos de control hacia los bancos comerciales, ahora más poderosos que antes del estallido de la Gran Recesión.
  5. En España, la evolución macroeconómica transmite signos de un pretendido avance imparable. Pero la realidad del mercado laboral arroja muchas sombras: la contratación es muy precaria y el número de horas contratadas avanza con gran lentitud. El Ibex 35 se recupera, a su vez, porque nuclea el gran capital hispánico. Pero poco explica sobre la trayectoria de las pymes y de los asalariados. La situación de estos dos últimos colectivos no es precisamente buena: el acceso al crédito sigue muy restringido y los estragos del paro son brutales, concretados en la existencia de 2,5 millones de desocupados de larga duración. La excelente temporada turística ha estimulado la economía de servicios. Pero debe verse el nivel de permanencia de esto a partir de octubre. A su vez, la presentación del proyecto de Presupuestos Generales del Estado para 2016 no deja de ser más que un brindis al sol: un acto de fe que se acaba creyendo que la evolución macroeconómica va correlacionada con la situación que viven autónomos, pequeños empresarios y asalariados.

En síntesis, respondiendo a la pregunta que encabeza este artículo: creo que no volvemos a las andadas. No volvemos a una etapa “tranquila” en el crecimiento económico, y sí a una fase de gran inestabilidad y de vaivenes convulsos en los mercados. La economía real sigue teniendo los mismos problemas, sin orientaciones nítidas hacia un cambio en el modelo de crecimiento. Este debería ser el meollo de la cuestión.

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