Grecia, Catalunya: dos elecciones cruciales para Europa

Dos elecciones sustanciales para el futuro de la Unión Europea: las griegas de mañana y las catalanas del 27 de setiembre. En las primeras, sea cual sea el resultado, la trayectoria ya está marcada. El gobierno que salga de las urnas deberá aplicar el tercer rescate a rajatabla, si quiere tener acceso a una mínima financiación exterior. En este sentido, la posición de la troika se ha endurecido políticamente, a pesar de la menor tibieza de las condiciones fijadas, en relación a los dos rescates anteriores. Pero se insiste en mantener las recetas de la austeridad, hecho que no va a desembocar en nada bueno para los helenos.

Tsipras ya se ha tragado ese sapo (una renuncia clara, en toda regla), y la incógnita radica en ver qué papel –que puede ser crucial– jugará la extrema derecha, espoleada además por la masiva llegada de migrantes a las islas griegas, con la utilización de la xenofobia. El contexto juega a favor de las opciones más conservadoras, a la par que se han debilitado los argumentos de Syriza, con serios tropiezos para explicar su giro copernicano tras la asunción del último rescate determinado por Bruselas.

Resulta gratis prometer lo que no se puede cumplir, cuando uno está en la oposición; resulta más problemático aplicar ese ideario si se accede a un poder que es mucho más complejo e inmanejable que lo imaginado. Atentos a la lección de todo eso para España.

Los resultados de las elecciones en Catalunya tienen un desenlace presidido por la incertidumbre. Estamos ante un punto de inflexión, de no retorno podríamos decir, también sea cual sea el cómputo final de los sufragios. Para Europa, esto abre otro frente de discusión: el papel que van a jugar las regiones más dinámicas frente a las más atrasadas en el marco de la Unión.

Otros espacios geográficos pueden reclamar la independencia de sus Estados, con el argumento de la asimetría en la aportación de recursos y la recepción de los mismos. Las confusiones, interesadas o no, están en la agenda, con conceptos que se entremezclan sin orden ni explicación convincentes: modelos de financiación, balanzas fiscales, déficits…todo un baile desordenado en el que se mezclan declaraciones de grandes banqueros, primeros ministros y donde también se remite a lo que están haciendo otros Estados –Canadá, Alemania– con casuísticas parecidas. En el caso de España, la actuación de los gobiernos centrales no ha ayudado nada a coser los desgarros, y en particular el PP ha actuado como gran pirómano en esta ceremonia crematoria: su anti-catalanismo le ha reportado jugosos réditos electorales en el resto del Estado, y eso es lo que piensa recoger en las elecciones generales de diciembre.

Para Europa, las consecuencias de los comicios catalanes pueden ser mucho más trascendentes que lo que suceda mañana en Grecia. Las certezas de las elecciones helenas se contraponen al terreno inexplorado que se va a abrir, en Catalunya y en España, tras el 27 de setiembre.

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