Algún neoliberal vislumbra a Keynes. Encuentro en el hotel Hilton, Nueva York.

Anoten esta idea: no deja de ser curioso que incluso voceros destacados del mainstream económico utilicen alguna parte de la jerga llamemos keynesiana. Se habla, ahora, de medidas contra-cíclicas para atajar una situación de parálisis de la economía, o de escaso desarrollo. Aquí, en Nueva York, el profesor José Antonio Ocampo, un economista netamente liberal de Columbia University, que fue Ministro de Finanzas de Colombia, ha defendido en un congreso científico organizado por la Latin American Studies (LASA) en Manhattan, el incremento de las inversiones en infraestructuras, más apuestas por la economía del conocimiento y mayores conexiones comerciales inter-regionales, para superar la crisis en América Latina. Ocampo habla, en concreto de la necesidad de impulsar actividades intensivas en conocimiento. Esta línea interpretativa la están siguiendo otros economistas y técnicos de perfil más neoliberal: algunos de ellos empiezan a ver que con las medidas estrictas que emanan de la austeridad, va a resultar imposible superar el bloqueo económico en el que, a mi entender, estamos todavía instalados. Y que va a promover una recaída económica para 2017 y, quizás, 2018, si no existen giros decididos en la aplicación de la macroeconomía.

¿Qué está pasando? Fíjense, las recetas alternativas son también las mismas para abordar la cuestión: se nos dice que estamos en una crisis coyuntural y que la solución radica en más innovación, más flexibilidad, más conocimiento, más liberalización. Se arbitran entonces medidas que lo que están haciendo es favorecer, en el peor sentido, el ciclo económico regresivo: control del déficit, de la deuda, del gasto público; recortes, en definitiva…y austeridad mal entendida. Pero, a la vez, se empieza a insinuar ahora que deben proyectarse medidas de carácter anti-cíclico, que normalmente se vinculan a planes de inversión pública –ante la atonía de la privada– y más gasto social. Pero éste último aspecto no se considera en las agendas neoliberales: la inversión, sí. Por tanto, a la pregunta anterior cabe derivarle otra: ¿cómo avanzar en políticas sociales ante un contexto económico que no es bueno? Y permítanme una tercera: las políticas contra-cíclicas, ¿para quién?

En tal contexto cabe situar, igualmente, las nuevas lecturas que se están haciendo desde el Fondo Monetario Internacional y la Comisión Europea. Ambas instituciones van comprendiendo que las medidas drásticas que se generan sobre todo en Alemania, no hacen más que agravar la situación europea. Algo que Mario Draghi ha entendido perfectamente desde hace meses –y que le ha enfrentado al poderoso Ministro de Finanzas germano–, cuando ha advertido a los gobiernos que urgen más políticas de tipo fiscal; las monetarias tienen, ahora ya, municiones más limitadas. Flexibilizar las reglas de ajuste económico representaría una línea de actuación en tal sentido: la teología del déficit estricto no puede ser inamovible cuando las economías no están creciendo al ritmo esperado. Y, más aún, cuando todas las previsiones que se están realizando determinan expansiones más escuetas que las preconizadas hace apenas seis meses. El PIB del planeta sigue en datos positivos, pero la caída industrial y exportadora de los países emergentes va a lastrar al resto de las economías. De hecho, ya lo está haciendo. Por ello, deberían imponerse otras herramientas en política económica, que todavía se observan como heterodoxas y poco convencionales.

En el mismo encuentro neoyorquino que les comentaba, el profesor Diego Sánchez Ancochea, de Oxford University, ha resaltado, en la dirección antes expuesta –y, por cierto, muy en línea con algunos de mis trabajos–, que la obcecación en salir de la crisis sólo con políticas estrictas de innovación y conocimiento no va a permitir avanzar de manera global. Es innegable que se recuperará una parte del empleo de alta calidad, cosa que es relevante como efecto arrastre para otras actividades; pero se necesitan, a la vez, políticas complementarias para el resto de una población que no tiene ni acceso ni formación en altas capacitaciones tecnológicas. Esto nos conduce, de forma indefectible, a las políticas fiscales, esas que los policy makers no quieren estimular por las posibles consecuencias electorales que tienen, pero que responden, en parte, a una de las preguntas que formulaba antes: desarrollar políticas sociales en entornos de dificultad económica, pero con un avance innegable en la composición de la riqueza de las franjas más poderosas de la población. Esta va a ser una clave esencial para la política económica de los próximos años.

Anuncios
Esta entrada fue publicada en TEORÍA ECONÓMICA Y PENSAMIENTO ECONÓMICO. Guarda el enlace permanente.

Responder

Por favor, inicia sesión con uno de estos métodos para publicar tu comentario:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s