La economía se financiariza: síntesis de una aportación en el departamento de Historical Studies

Asistimos a un proceso de financiarización de la economía, habida cuenta que no parecen existir nichos de inversión plausibles para el capital. Esta realidad remite a otro factor: la reducción de los salarios. Este es un fenómeno apreciable en las principales economías occidentales, y la contracción salarial representa una salida para la acumulación de capital y el retorno a una nueva senda de expansión de los beneficios. Los dos aspectos interrelacionados –bloqueo inversor y bajada salarial– infieren un grave problema de demanda agregada, con una variable ilustrativa: la evolución de los precios, que se ubican en escenarios pre-deflacionarios e incluso en algunos países –como Grecia de forma estructural y España de manera más coyuntural– de deflación explícita.

En tal contexto, la función de la economía pública se ha visto cuestionada. Es más, se aboga por “desinflar” las administraciones públicas y hacer que el mercado substituya una parte importante de las prestaciones desplegadas por el sector público. Ahora bien, las contradicciones aparecen desde el momento en que, incluso desde posiciones más ortodoxas y convencionales, se observa con preocupación la inutilidad de las medidas impulsadas. Medidas que, recuérdese, se centran en el equilibrio presupuestario y la reducción del déficit público, como palancas fundamentales para el crecimiento económico. Pero la realidad es tozuda: el crecimiento es más limitado de lo que se pretende, y la falta del mismo supone problemas graves para la ejecución presupuestaria. Al no obtenerse los ingresos previstos, el déficit se reduce con grandes sacrificios sociales, y la deuda pública se acrecienta de manera relevante. Se manifiestan así dos problemas esenciales en la macroeconomía actual, que se van alimentando al calor de la crisis y de las erróneas medidas adoptadas para atajarla.

¿Dónde reside el problema? La economía no es una ciencia exacta, y cada grupo de expertos tiene su propio esquema para responder. Pero los datos señalan que la agresividad de las políticas monetarias –hasta llegar a tipos cero– y las correcciones en el gasto público no están eliminando las amenazas que todavía se ciernen sobre las economías más desarrolladas. El corolario de todo esto ha sido, en esencia, el incremento de las deudas soberanas y la reducción de los déficits sin llegar a los escenarios previstos. Estamos, pues, ante una encrucijada.

 

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