La economía puede caer en 2017 (recuperando argumentos)

No es descartable una recaída económica en los próximos meses, con toda la prudencia que debe adoptarse en predicciones económicas enmarcadas en un contexto de grandes volatilidades políticas y económicas. Veamos argumentos:

  1. Los problemas de la deuda en la Unión Europea van a persistir, sin que se atisben soluciones plausibles para hacer frente a posibles escenarios de insolvencia. La deuda se seguirá expandiendo –con el peligro latente de una subida de tipos antes de fin de 2016–, habida cuenta que mantiene una relación directa con la reducción de los déficits públicos; y esta reducción se ha erigido en el primordial objetivo de los gobiernos.
  2. La política económica europea sigue anclada en los preceptos más duros y estrictos del neoliberalismo, de manera que las medidas que se siguen adoptando son pro-cíclicas en lugar de contra-cíclicas: más equilibrio presupuestario, menos gasto público, menor empuje a la demanda agregada.
  3. El retroceso de las economías emergentes, con China a la cabeza, tiene derivadas en los mercados financieros. Éstos van a endurecer sus estrategias crediticias, a tenor de las caídas del PIB de China, Brasil y México, entre otras naciones, proceso que puede ir paralelo a –como se ha dicho antes– una subida de tipos de interés más acentuada en Estados Unidos.
  4. Los precios siguen en estado catatónico: muy bajos, sobre todo, en los países del sur de Europa, con escenarios de deflación en algún caso como Grecia. La caída en los precios energéticos es, sin duda, una causa importante de tal trayectoria; pero la contracción de la demanda constituye otro factor explicativo convincente, que se sustenta sobre un hecho objetivo: la reducción salarial en la Europa periférica que, además, está comportando menores costes laborales unitarios. Ello, además, incide en otro aspecto transcendental: el aumento de la desigualdad, la precariedad laboral y la pauperización de la clase media, factores que, a su vez, conforman el bucle negativo de contracción de la demanda.
  5. No veo nichos claros de inversión productiva: ¿nanotecnología, biotecnología, energías renovables, más tecnologías de la comunicación? La economía financiera ha ganado y está consolidando terreno, toda vez que supone más del 60% de los beneficios empresariales, cuando a principios de los años 1970 este porcentaje no representaba más de un 30%. ¿Dónde invertir? ¿Cómo invertir en escenarios de sobreproducción? Estas son incógnitas que los economistas debemos despejar, en lugar de perdernos en discursos retóricos sin contenidos.
  6. En foros académicos y científicos sobre economía, una de las conclusiones suele ser repetitiva: se debe apostar por la economía del conocimiento. Correcto, nadie pone impedimentos a tal aserto. Pero ¿es suficiente? Mi respuesta es: no. No toda la población –ni siquiera una franja muy importante de ella– en paro o en condiciones precarias puede acomodarse en trabajos de alto valor añadido. Se imponen otras palancas de crecimiento, que anuden inversiones con actividades también intensivas en fuerza de trabajo. Esto remite de nuevo al punto anterior, es decir, a la poca visibilidad inversora, que se refugia en productos financieros y en expansiones a la búsqueda de más recursos (el caso más evidente es el capitalismo asiático, con China e India a la cabeza, en sus empeños inversores hacia América Latina y África).
  7. No va a haber cambios sustanciales en las políticas económicas, con la actual composición de la Comisión Europea y la desorientación del FMI. En este sentido, los vaivenes de Lagarde son evidentes, en sintonía con los informes de la organización que dirige. En octubre de 2012, pedía frenar la austeridad en España, dar “más tiempo”, toda vez que los efectos de los ajustes eran mucho mayores que los previstos. Pero en marzo de 2014, señalaba que España debía rebajar un 10% los sueldos, de manera que aportaba una nueva vuelta de tuerca a las políticas de consolidación fiscal. Ahora, su preocupación ante el avance de los populismos (así lo ha declarado la mandataria del FMI) le hace ver la necesidad de cambios en otra dirección, más acorde con subidas salariales. Por su parte, desde el Banco Central Europeo, Draghi tratará de impulsar el crecimiento de la demanda y la recuperación de los precios con las herramientas monetarias. Pero brillan por su ausencia las políticas fiscales y, más concretamente, las estrategias de inversión pública en aquellos países que, como Alemania y Austria, tienen márgenes más generosos de maniobra. Al mismo tiempo, no se adivinan proyectos conjuntos de mayor inversión en el conjunto de la Unión.

En definitiva, no es arriesgado pensar, con todos estos datos y argumentos en la mano y con las cautelas preceptivas en un entorno tan volátil, que el próximo año puede darse una recaída de la economía, siguiendo la senda de pérdida de fuelle desde este mismo año 2016. Algo que, por cierto, ya se ha apresado en insinuar el ministro De Guindos.

 

 

 

 

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