Clústers industriales en Balears: una apuesta certera

En los países en desarrollo es frecuente que se hable de cambios en el modelo de crecimiento, máxime en coyunturas que instituciones económicas y agentes político-sociales consideran problemáticas. La etapa que se abre con la Gran Recesión constituye, en tal aspecto, un momento histórico que propicia este tipo de planteamientos. La idea también se ha divulgado hacia países más rezagados y emergentes. El modelo exitoso de crecimiento, vigente hasta hace muy pocas décadas, era el industrial; y éste era también el que podía facilitar tránsitos positivos a economías atrasadas. Una industria espoleando las exportaciones se traducía así en la imagen del desarrollo económico moderno; pero parece ser más borrosa ante las presentes fluctuaciones económicas.

 

En efecto, la evolución de las economías más avanzadas ha ido desde una estructura en la que la industria tenía un peso determinante y suponía economías externas hacia otros sectores de la economía, a un escenario en el cual el predominio es del sector servicios, con todas sus derivaciones. Este proceso, que es detectable estadísticamente sobre todo desde la década de 1980, abre perspectivas al análisis económico en una coyuntura en la que las vías de salida para la Gran Recesión no son claras ni inmediatas. Se dibujan nuevas cuestiones en el interior de las economías, tanto en las más desarrolladas como en las emergentes, en diferentes escalas, nacionales y/o regionales:

  • ¿Diversificar la economía?
  • ¿Volver a la industria desde unos servicios maduros?
  • ¿Qué industria? ¿Qué relaciones con los servicios?
  • ¿Cuál puede ser la función del sector público en todo este proceso?

Estas preguntas son adecuadas para abordar el caso de Balears, una región especializada en servicios terciarios y altamente competitiva en el turismo de masas –considerado un modelo exitoso de crecimiento–, para delimitar sus procesos de transición económica –de los sectores agrario e industrial al de servicios y de éste a un escenario todavía incierto–, y aportar a la vez conclusiones que puedan ser útiles para otros ejemplos parecidos, sea cual sea la dimensión de la economía considerada.

En tal sentido, la reciente publicación de un documento clave, el Mapping Clústers de Balears, por parte del Govern (bajo la coordinación de la conselleria de Trabajo), supone un salto cuantitativo y cualitativo de primera magnitud en los recurrentes argumentos que abogan por la diversificación de la economía balear. He aquí, pues, una pieza que faltaba y que un equipo técnico muy competente ha sido capaz de articular. El texto –que recomiendo a todo experto de la economía balear– constituye una cuidada recopilación de datos e indicadores a partir de la sistematización científica de nuevas fuentes –de manera especial, las variables del registro mercantil– y la utilización solvente de las ya conocidas. Será, sin duda, un instrumento esencial para la política económica industrial en el archipiélago ahora y en el futuro, y una base de información de gran profundidad y extensión para los economistas que quieran trabajar en el desarrollo industrial y turístico de las islas.

 

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