El acecho de una nueva burbuja económica

El Banco de Pagos Internacionales (BIS), que supervisa el estado del sistema financiero mundial, alerta en un reciente informe que la deuda privada se está disparando. Esta fue una de las causas de la crisis financiera que se inició hace una década. Esta evolución de la deuda en diferentes países significa que una subida de tipos de interés puede provocar gran estrés financiero en los agentes privados, familias y empresas. Sobre todo si se asocia a un debilitamiento de la actividad económica o a un bajo crecimiento. Contrariamente a las interpretaciones más optimistas de la coyuntura económica, creo que la situación no parece halagüeña. Y subraya que hay mala asignación de recursos en la economía, especialmente en el sector de la vivienda: sus precios crecen con fuerza en casi todos los países. En España, este precio ha pasado de caídas del 10% en 2012 a un nuevo repunte desde inicios de 2014, para cerrar 2016 con un aumento del 1,5%: casi 12 puntos de avance en cuatro años, según datos del INE y del M. de Fomento.

Los precios previsibles de la vivienda en un escenario cercano a 2030 sitúan en 1.823 euros constantes de 2015 por metro cuadrado, frente a los poco más de 1.400 euros en 2016: estamos, pues, ante una inversión que es rentable. Ello es debido, además, a los bajos rendimientos de la deuda pública y los depósitos bancarios. En tal sentido, la rentabilidad por activos se ha situado, en el caso de la vivienda, entorno al 5% en diciembre de 2017, viniendo del 3% en diciembre de 2011. En ese mes, el bono español a diez años constituía un reclamo importante de inversión, toda vez que podía redituar cerca del 7,5%. Según el Banco de España, la adquisición de una vivienda para alquilarla ofrece una rentabilidad bruta anual del 4,4%, y si se añade la revalorización del activo, esa rentabilidad se acerca al 9% en 2016-2017. En estos años, las rentas han subido casi el 16%. La responsabilidad de esto no se centra estrictamente en los pisos turísticos, sino en la escasez de la oferta, que presiona las rentas al alza: falta vivienda nueva. Pero también el problema radica en los bajos salarios, que dificultan la adquisición de la misma.

En tal aspecto, esto último genera problemas de demanda efectiva de cara al crecimiento futuro, ya que socava la demanda debido a que empresas y familias tienen que hacer frente a sus deudas. La situación se parece a la de 2004-2005. La deuda privada aumenta mientras que un robusto crecimiento económico hace que la confianza de familias y empresas se mantenga alta. No hay problemas en hacer efectivo el pago de las deudas, ya que la renta está aumentando también. Pero pienso que la amenaza sigue acechando: una situación de subida de tipos con estancamiento económico puede volver a desencadenar el mismo proceso de 2007-2010. Todo esto acontece con escasos mecanismos de contención: se reiteran los errores que desencadenaron la Gran Recesión. Pero hay tantos intereses opuestos a cualquier medida en este sentido que no se hará nada hasta que llegue otro “momento Minsky”, en el que ninguna acción de los poderes públicos sea capaz de detener un nuevo colapso del sistema financiero mundial.

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