“Hongkonización” económica

Hong Kong: 1.110 kilómetros cuadrados (Mallorca es tres veces mayor), 7,4 millones de habitantes y una densidad de 6.740 habitantes por kilómetro cuadrado. La renta per cápita es de unos 41.000 dólares, una deuda per cápita de 20 euros, un índice de desarrollo humano alto (la esperanza de vida es de 84 años), una tasa de paro que supera ligeramente el 3%, un salario mínimo de unos 700 euros y posiciones destacadas en rankings de competitividad (en séptimo lugar en el mundo: dato de 2018) y en innovación (el catorceavo lugar: también 2018). Esta isla demuestra que es posible crecer en un espacio físico muy limitado. La sensación de agobio es importante. Hong Kong, como otras economías insulares, a veces se invoca para explicar lo que es realmente la saturación demográfica, el desbordamiento de las demandas humanas sobre recursos naturales escasos. Hong Kong ha emitido (el dato es el más reciente: 2017) poco más de 6 toneladas de CO2 per cápita (Estados Unidos: 15,74 toneladas; España, unas 5 toneladas, según el Banco Mundial). La cifra se mantiene estable desde comienzos del siglo XXI, con alguna fluctuación puntual.

Ahora bien, a pesar de algunos de estos datos, que enfatizan la posibilidad real del crecimiento económico en espacios muy limitados, el factor clave que condiciona toda la evolución económica, social, ambiental y espacial es básicamente este: la población. El avance demográfico es el que infiere las necesidades de recursos básicos –agua, energía– y, a la vez, impacta de manera decisiva sobre la generación de residuos y, por tanto, de su tratamiento. Aquí, a pesar de los avances técnicos que puedan argumentarse, no cabe duda de que los límites demográficos acaban siendo un factor crucial, una nueva revisión del neomaltusianismo que imperó a raíz de la crisis de la energía en la segunda mitad de los años 1970, y que ahora se hace cada vez más presente de manera especial en economía terciarias maduras, como la balear. El crecimiento es posible, sin duda: podemos seguir edificando nuestro modelo sobre expansiones cuantitativas, tal y como se ha hecho siempre. Pero cuando ese crecimiento patentiza signos de ostensible colapso, tal y como se advirtió también en Balears a fines de la década de 1990, las voces de alarma se alzan ; y debe pensarse que en esa coyuntura llegaban unos 6-7 millones de turistas al año, la mitad de los registrados en 2018. La cualificación del crecimiento es lo que siempre se suele arrinconar. El cómo se crece, más que el cuánto se crece: esto también lo venimos diciendo en esta columna desde hace años, y publicado en libros académicos. Ello implica medir la economía desde otros parámetros, no únicamente con los crematísticos, para construir índices de sostenibilidad. “Hongkonizar” una economía es posible, pero no deseable. Compresión poblacional, consecuentes elevaciones en los consumos per cápita, saturación espacial: corolarios de ese proceso de crecimiento. Desarrollar más que crecer: he aquí la ecuación a explorar.

 

 

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