Turismo en la encrucijada

En el nuevo horizonte que se abre para el turismo apuntamos seis marcos cruciales de reflexión:

  1. Los debates que se generen sobre el futuro del turismo deberían estar presididos por dos principios: el de la realidad y el de la precaución. El de la realidad, para no dejarse llevar por ideas excelsas, utópicas, que quedan muy bien en el papel escrito, pero que requieren de un tiempo que no necesariamente se tiene. El de la precaución, porque hacer oídos sordos a las externalidades ecológicas, sociales y culturales del turismo de masas, supone no haber entendido los problemas que ya aquejaban al sector y que ahora emergen.
  2. Es importante que la ciudadanía conozca la contribución positiva que supone el turismo; al mismo tiempo, es preciso explicar que el turismo provoca externalidades ambientales que deberán corregirse, si en el nuevo escenario que se abre se quiere competir con productos que tengan dos sellos esenciales: el sanitario y el ecológico.
  3. Las tasas turísticas deberían mantenerse. Pretender reducirlas, tal y como están formuladas en los destinos españoles, supone seccionar entradas de dinero para las respectivas haciendas, capitales que se pueden usar en actividades e infraestructuras que mejoran, de hecho, el propio destino.
  4. Abordar la diversificación económica. Economías regionales cuya dependencia del turismo de masas es muy elevada, deberían aprovechar la crisis para repensar su pauta de crecimiento. Y, por extensión, el modelo de crecimiento de la economía española. Diversificar la economía no se hace por decreto: requiere análisis profundos, inversiones importantes y complicidades público-privadas, con la presencia de los sindicatos. En definitiva, urge la planificación estratégica.
  5. La sostenibilidad no va a ser un concepto hueco o de marketing. Los destinos turísticos deberán trabajar en la elaboración oficial de indicadores biofísicos, para que el concepto se llene de contenido, condicionantes ambientales que se avengan con los ODS de las Naciones Unidas. Desafíos importantes, pero ineludibles.
  6. Hacer visibles buenas prácticas laborales en los establecimientos turísticos, habida cuenta que éstos han recibido críticas constantes sobre precarización laboral y bajos salarios. Crear una certificación que identifique aquellos establecimientos que cumplen con unas reglas y pautas determinadas –control energético y sanitario, calidad en la ocupación, avituallamiento en kilómetro cero, etc., bajo la supervisión de las autoridades autonómicas–, posicionaría esa oferta ante una demanda que probablemente va a cambiar en sus preferencias, y será apetente a esos productos de mayor calidad.

Estos seis apartados no pueden ser abordados de forma solitaria por un gobierno. El concurso de grupos empresariales, organizaciones sindicales y colectivos sociales va a ser importante para plantear un futuro en el turismo de masas que debe contar con los retos inmediatos que impone el coronavirus, pero con los nuevos desafíos que pueden abrirse con las consecuencias derivadas del cambio climático. La ciencia –experimental, social, económica– deberá ser aliada indiscutible en este proceso.

 

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