El colesterol de la deuda pública

Si a usted le han hecho un análisis de sangre, comprobará junto a su médico (y éste se lo comentará), que tiene colesterol malo pero, también, colesterol llamemos que “bueno”. La combinatoria de ambos indicadores proporciona al galeno un signo de cómo está su situación en este ámbito, y por tanto qué debe hacer para corregir el malo y engrosar el bueno para que, al final, el resultado acabe siendo positivo para su salud. Viene a colación este símil sanitario, explicado seguramente con imperfección pero a la vez ilustrativo, sobre la reflexión que urge hacer en relación al incremento de la deuda pública. Ésta aumenta de manera vertiginosa y, para el caso de España, supone ya un porcentaje sobre PIB que supera el 100%, en una tendencia que va a ir creciendo en los próximos meses. En tal contexto, el BCE ya ha anunciado que, de persistir los problemas económicos, seguirá inyectando dinero en el mercado mediante compras masivas de deuda pública: 1,35 billones de euros. Buena noticia. El objetivo: que la inflación alcance el 2%, cuando ahora a duras penas es, en el conjunto de la UE, el 1% en el mejor de los casos. Una anemia de la demanda agregada.

El incremento de la deuda pública es objeto recurrente de debate. Una voz autorizada ha intervenido con fuerza: la de Mario Draghi, expresidente del BCE. En entrevistas y conferencias recientes, Draghi señala un factor fundamental: los hogares y las empresas han de recuperar la certeza en un futuro más seguro, y esto va a depender, en parte, de las acciones que se emprendan a través de la deuda que se vaya emitiendo, tanto de la mano de los países, como de bancos y mercados (véase: https://www.liberoquotidiano.it/video/politica/24235745/mario-draghi-meeting-debito-giovani-basta-sussidi.html). El escenario es de bajos tipos de interés, y esto debería animar las inversiones. A su vez, la baja rentabilidad del capital con intereses prácticamente en cero, alimenta la colocación de dinero en el mercado bursátil. Especulación. Esto explica que determinadas bolsas, como la de Estados Unidos, experimenten crecidas tan imponentes, espoleadas por la apetencia hacia valores tecnológicos. Son estos los grandes triunfadores económicos en esta pandemia.

Ahora bien, las deudas que se emitan serán, como en el colesterol, de dos tipos: malas o buenas. Las primeras, dice Draghi, infieren resultados improductivos, lo cual va a impactar negativamente sobre el mercado de trabajo, la demanda y la inversión. He aquí un vector de colesterol malo en la economía. Las segundas, por el contrario, deberían canalizarse hacia objetivos productivos útiles, que abrazan las infraestructuras –movilidad, por ejemplo: trenes y tranvías–, la investigación –energías renovables, biotecnología, nanotecnología, entre otras– y el capital humano –la formación del factor trabajo–. Medio ambiente, educación, sanidad: he aquí grandes agregados en los que la deuda pública buena –el buen colesterol en nuestros análisis clínicos– va a suponer mejoras en este paciente inmenso que es la economía. Por tanto: deuda ¿para hacer qué? Esta es la clave, y si domina la bondad de las inversiones desplegadas no debemos temer al incremento de esa deuda, de ese colesterol benéfico. Porque va a suponer transfusiones generosas que corregirán el estado comatoso del enfermo.

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