
“Un desarrollo basado, inicialmente, en arrebatar la tierra y los recursos naturales a quienes los utilizaban comunalmente y en liquidar reglamentaciones colectivas de los trabajadores de oficio con el propósito de poder someterlos a nuevas reglas que hiciesen posible la expropiación de gran parte del fruto de su trabajo. Todo eso (…) no se produjo como consecuencia natural de la evolución de la economía, sino que se impuso desde los gobiernos, mediante el establecimiento de leyes y regulaciones que favorecían los intereses de los expropiadores y defendiendo su aplicación con medios de represión”.
JOSEP FONTANA, Capitalismo y democracia, 1756-1848. Cómo empezó este engaño, Crítica, Barcelona 2019
Acaba de publicarse el libro póstumo de Josep Fontana, Capitalismo y Democracia, 1756-1848. Cómo empezó este engaño, Editorial Crítica, Barcelona, mayo de 2019. El texto constituye un nuevo trabajo de combate del gran profesor, con una tesis central: demostrar históricamente que, en el crecimiento económico y en el progreso social, no existe una sola vía, una única trayectoria de desarrollo. Para Fontana, la visión unívoca, avalada por el grueso de la academia, es la que ha prefigurado una determinada idea del proceso histórico hasta el presente. Así, se ha destacado que la revolución industrial constituyó una sola posibilidad de crecimiento –sin otras posibles vías– que racionalizó la producción frente a atrasos seculares, gestó la fábrica como elemento centralizador y estimulador de la productividad y de la eficiencia, y cercenó las tierras comunales abiertas (openfields) gestionadas por la comunidad, transformándolas en campos cercados (enclosures) propiedad de la burguesía agraria, tras un violento proceso de apropiación de esas tierras por parte de los terratenientes avalados por el Estado. Todo en aras de la eficiencia.
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