Estamos ya en período pre-electoral. Es pronto, a tenor de los calendarios que se presentan, pero las declaraciones que se van conociendo conducen a diferentes propuestas. Una que es recurrente es la promesa de reducción de la presión fiscal. Bajar los impuestos es una de las ofertas populistas reiteradas en período electoral; suele ir emparejada a la promesa de que, en paralelo, no se va a recortar el gasto social público. Los proponentes fían todo al crecimiento económico, es decir, a su mantenimiento casi inalterable, ajeno a los ciclos, de forma que esto constituiría el principal estímulo para obtener los recursos necesarios. Bajar los impuestos se ha convertido en un mantra para las fuerzas políticas, incluidas las de izquierdas. Esta invocación se ha hecho siempre. Y me temo que siempre se va hacer, toda vez que forma parte del acerbo de quienes dirigen las campañas electorales. Lo vimos hace unos años con Rodríguez Zapatero, cuando afirmó que bajar impuestos era también un signo de la izquierda, hecho que generó no pocas críticas; y se ha podido observar con claridad en los gobiernos conservadores de Mariano Rajoy y de José Ramón Bauzá (en Baleares): en estos últimos casos, se produjeron grandes subidas impositivas, con el pretexto de que ambos mandatarios habían encontrado problemas graves en las respectivas haciendas, problemas que, por cierto, conocían perfectamente cuando, en campaña, formulaban la propuesta de reducción de tributos.
Seguir leyendo →
Debe estar conectado para enviar un comentario.