Nota urgente sobre el paro y el mercado laboral

Los tanques de pensamiento de la derecha están en marcha, con sus motores bien dispuestos. De sus gabinetes emerge un mensaje unívoco: la crisis se ha terminado, la recuperación se consolida, el crecimiento económico es ya un hecho contrastado y el bienestar empieza a regresar, nuevamente, a los hogares españoles. Las causas de eso: las políticas económicas desplegadas en estos tres años, los ajustes y recortes realizados, los sacrificios que se pidieron en su momento y que fructifican ahora.

El resultado es visible, dicen los voceros de esa tesis: España vuelve a ir bien. La proximidad electoral contribuye a enaltecer esas afirmaciones. Las comparaciones interanuales, inter-trimestrales e intermensuales aportan, a su vez, nuevas curvas que abonan las percepciones más halagüeñas. El economista encontrará datos que podrá calificar, sin ambages, como positivos en esa reciente evolución: se parte de haber tocado fondo. Pero, a su vez, va a localizar otros indicadores, sin rascar en exceso las cáscaras de la estadística, que le permitirán ver la realidad con una dimensión más completa.

La última munición que se ha ofrecido han sido los datos del paro registrado: desde palestras mediáticas, tertulias y generadores de opinión, se brindan análisis benevolentes hacia la situación del mercado laboral. Sin perder de vista las fuentes oficiales que los palmeros de la recuperación están utilizando, y que tienen, como decía, aspectos positivos, deben tenerse en cuenta:

  1. Las afiliaciones a la Seguridad Social española son, al cerrar 2014, casi 500.000 menos que en 2011, cuando Rajoy llegó al poder. El dato supone una pérdida notable, a pesar de la creación de nuevos empleos en este último año que tiene, como característica central, la contratación laboral precaria: trabajos por hora o por días sueltos que
  2. La evolución del paro registrado en España ha marcado un nivel de 4,4 millones de personas, es decir, unas 340.118 más sobre los datos consignados tres años atrás, toda vez que entonces, en 2011, llegaban a 4,079.
  3. La contracción del desempleo registrado es de poco más del 0,6% intermensual. Se observa una ralentización en el ritmo de contracción interanual (–5,94%, frente al –6,59% anotado en junio). Esto infiere un probable estancamiento del paro registrado en el entorno actual, tras los datos estacionales de la temporada turística.
  4. La confianza del consumidor ha conocido altibajos notables que, en absoluto, marcan un cambio de tendencia; así, por ejemplo, sufrió en julio un ligero retroceso respecto a junio, la primera bajada tras cuatro meses de subidas, explicable por el empeoramiento de las expectativas sobre la evolución del empleo, la economía y la situación futura de los hogares. Según el Centro de Investigaciones Sociológicas (CIS), el Indicador de Confianza del Consumidor (ICC) se situó en 88,9 puntos, 0,4 puntos por debajo de junio. Conviene saber cuáles son los datos más recientes en este aspecto que, con toda probabilidad, seguirán oscilando sin dibujar un repunte tan evidente como augura el gobierno.

La situación del mercado laboral ha sido, en 2014, peor que la de 2011, con datos que provienen de las mismas fuentes (INE). Pero, además, otro cambio importante se ha producido: desde julio de 2011 y hasta ahora, se ha puesto en marcha una estrategia de reducción de los servicios públicos, con el control del déficit como pretexto. Esto ha empeorado las condiciones de vida de la población, y lamina la recuperación de la economía. En tal aspecto, la extrema derecha que domina el PP –con FAES como crucial aprovisionador de ideas y hojas de ruta– marca las líneas básicas, concentradas en dos: re-centralizar el Estado y adelgazar los servicios públicos. Es decir, asfixiar las comunidades autónomas. Dos corolarios: no habrá nueva financiación para las regiones; y se plantea la privatización de servicios básicos como salida a unas prestaciones deliberadamente mal dotadas, con despidos masivos de personal.

No, las cosas no están mejor; y convocatorias electorales próximas las sumerge en un espejismo del que nos sacarán, de nuevo, los requerimientos de Bruselas.

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