Las cuentas fallidas del Partido Popular

Es muy difícil que el PP cuadre el déficit público en Balears. Esa intuición se sustenta sobre pilares concretos: una previsión de ingresos demasiado generosa sobre un crecimiento económico menor del que indicaban los políticos conservadores. Ese error, motivado por un deseo comprensible pero irreal en ofrecer indicadores positivos en el ámbito económico, se vuelve a repetir con el Presupuesto de 2015. Pensar que creceremos a más del 2% es arriesgado. Que, en función de ese parámetro, nuestros ingresos serán mucho mayores supone un salto al vacío. Se ha avisado al Ministerio de Hacienda que la comunidad de Balears no cumplirá con el déficit en 2014, tal y como se advirtió al conseller de Hacienda en su momento. Y les avanzo que resultará imposible cumplir con los requerimientos de déficit del 0,7% sobre PIB para 2015, confiando estrictamente en una mejora de ingresos.

Eso me hace pensar que el Govern deberá encarar recortes nuevos en las áreas sociales, ya muy lesionadas. Las cuentas del PP no salen ahora ni salieron antes. Su ceguera pasa factura.

El año 2015 va a ser desastroso, desde la óptica presupuestaria. Quien gobierne a partir de julio en Balears lo va a tener muy complicado: la deuda habrá superado los 7.500 millones de euros –en mayo de 2011 era de 4.500 millones– y el déficit público no estará bajo el control ortodoxo que se inquiere por parte de Bruselas y Madrid. Los márgenes de actuación van a ser muy limitados, lo cual debe hacer pensar a los partidos políticos sus agendas en las propuestas electorales. Vender humo, como hacen algunas formaciones, conducirá a la frustración, una vez se compruebe la situación de las arcas autonómicas. El PP ha recortado, desmantelado y “jibarizado” los servicios públicos de Balears, y aún así no ha podido contener un déficit público cuyo problema central no se encuentra en el capítulo de los gastos. El nudo gordiano está en los ingresos: ése es el diagnóstico certero, que los gobernantes conservadores no han querido ver desde el principio, de manera intencionada, para dar a entender que los gestores anteriores arruinamos la comunidad y fuimos, además, despilfarradores.

Mientras la economía no crezca con mayor dinamismo, resultará muy complicado acceder a una bolsa de ingresos suficiente para seguir desarrollando el Estado del Bienestar. Si a esta realidad de caída de ingresos, las opciones en política fiscal pasan por bajar los impuestos directos, entonces entramos en un descuadre total de las cuentas públicas. Este es el problema: no que hayamos vivido por encima nuestras posibilidades, al menos en lo que atañe al sector público. Que éste debe racionalizarse más y gestionarse mucho mejor, no tengo ninguna duda. Pero incidir en la tesis de que la deuda pública (en España: 1 billón de euros ahora mismo, asumiendo parte de la privada) es la responsable de todo (con una deuda privada de 2 billones de euros: comparen, pues) y que la solución estriba en adelgazar todavía más el limitado bienestar social que tenemos, me parece un suicidio económico.

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