Grecia: Syriza y su espejo español

Las elecciones griegas suponen un foco de gran interés en la Unión Europea. Grecia va a votar con un cuadro macroeconómico mejorado. El crecimiento económico heleno fue del 0,6% en el último trimestre, el déficit público ha pasado del –15% s/PIB en 2009 a –1,6% en la actualidad, y el superávit primario –es decir, sin sumar intereses de la deuda– es del 0,7%. A estos datos, invocados por opciones conservadoras, deben añadirse otros: un paro del 28% y una pérdida de riqueza que casi alcanza el 30% en caída acumulada del PIB. El desmantelamiento drástico de los servicios públicos ha inducido el empobrecimiento de la población, con una deuda pública brutal, del orden del 177% s/PIB.

Con este panorama, Syriza puede ser la opción más votada. La estrategia del miedo quizás haya funcionado para evitar un ascenso todavía mayor. Pero resultará difícil desmotivar a una mayoría significativa de griegos, hartos de escuchar falsas promesas en un futuro que nunca llega, agotados ya de un presente que sólo les ahoga. Syriza no es un partido nuevo. Dispone de cierta experiencia de gestión pública en el ámbito municipal. Esta realidad contribuye a que modere sus propuestas electorales, a medida que se ha acercado el calendario de las elecciones. Esta diferencia es central con Podemos, sin experiencia alguna y con un ideario que apenas tiene concreción en políticas públicas, con la difusión de grandes proclamas abstractas. Syriza, por ejemplo, no defiende la salida del euro, en caso de ganar, de forma que matiza notablemente primeras aportaciones realizadas por algunos de sus economistas de cabecera, como Costas Lapavitsas y Yanos Varoufakis; y se plantea la reestructuración negociada de la deuda pública, al tiempo que ha ido acuñando un programa económico de perfil claramente socialdemócrata. El radicalismo verbal, muy útil para captar el enfado y la decepción de la gente, está cediendo paso a un mayor pragmatismo, con respuestas más concretas y específicas y la elusión a relatos de carácter más etéreo. Éste es el que domina, todavía, las propuestas de Podemos, incapaz de explicarnos cómo puede reestructurarse, por ejemplo, la deuda pública, uno de sus caballos de batalla actuales. Mientras tanto, Syriza ha ofrecido documentación estricta sobre el tema, sustentándose en informes y documentos de la propia Unión Europea y con aportaciones propias y realistas.

La quiebra griega es irremediable si no se solventa el problema de la deuda. Esto podría generar más incertidumbre en la Unión Europea. Existen salidas: quitas parciales negociadas que aligeren el peso de la deuda y eludan así riesgos de un default; modular los plazos del retorno de la deuda (tanto los préstamos bilaterales como los que afectan los 240.000 millones de euros del fondo de rescate) y negociar el cofinanciamiento de las ayudas europeas de fondos estructurales. Ello podría facilitar la bajada de la prima de riesgo entre 70 y 120 puntos básicos, con lo que el superávit primario sería más solvente. Y ese superávit se podría canalizar, entonces, a políticas sociales. La ética de la responsabilidad espera a Syriza… ¿aguardará a Podemos?

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