- La hipocresía ideológica: todo por el mercado, pero sin el mercado
La economía de mercado tiene costes, tiene riesgos. La pregunta clave es quién los asume. Aquí se establece una especie de “juego” entre la esfera pública y la privada. Esta última proclama a los cuatro vientos las excelencias del mercado como institución eficiente para la fijación de precios. Sin embargo, los resultados acaban siendo distintos: los llamados emprendedores, empresarios que nutren páginas de elogiosas publicaciones salmón, persiguen la captación de subvenciones públicas de la forma que sea, hasta llegar a casos fragantes de corrupción económica. ¡Schumpeter los expulsaría del templo de la innovación! Esta actitud torticera acaba siendo su especialización, que además comporta una clara distorsión en la economía de mercado: otros jugadores del mismo quedan al margen por la asimetría informativa que tienen corruptores y corruptos. Los ejemplos en la economía española son ya llamativos, y suponen un coste del orden de los 50.000 millones de euros anuales, una cifra que contempla sobrecostes no justificados de obras públicas y corrupciones de carácter más directo (cobro de comisiones particulares, financiación de partidos). Es aquí donde la hipocresía ideológica alcanza grados elevados: el Estado, denostado y criticado siempre, acaba por ser una pieza determinante para los pretendidos liberales, que buscan en las ubres públicas lo que ese mercado que enaltecen no les puede ofrecer (o ellos no pueden alcanzar).


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