
Imagen del Consejo de Política Fiscal y Financiera.
Los datos expuestos en el siguiente documento son un cálculo de Joan Rosselló Villalonga y Carles Manera.

Imagen del Consejo de Política Fiscal y Financiera.
Los datos expuestos en el siguiente documento son un cálculo de Joan Rosselló Villalonga y Carles Manera.
La caída de la demanda agregada es una de las causas de la Gran Recesión. Los problemas bancarios, financieros, bursátiles, son una parte explicativa de la crisis; pero su carácter sistémico abraza distintos factores, siendo una de las consecuencias más precisas la debilidad del consumo que, a su vez, infiere un problema mayor: la deflación. Y ésta se vincula a las políticas de austeridad. Austeridad y deflación van unidas. Si se apuesta por la primera, como se ha hecho sin ambages, no puede uno alarmarse porque aparezca la segunda (sigue leyendo en Austeridad, deflación y recesión económica).
Augurios y realidades: aquí van una serie de reflexiones que sitúan unos puntos de debate de cara a 2016:
El año 2012 marca un punto de inflexión relevante en el crecimiento contemporáneo: es la primera vez que la producción de los países más ricos y desarrollados es inferior a la de las naciones menos avanzadas. En la Gran Recesión, el Sur existe, y con fuerza. Esta manida frase tiene su sentido en los datos macroeconómicos, que se confirman en su plano expansivo. Los grandes espacios geográficos, centrados en países concretos de Asia, en África subsahariana y en las potencias latinoamericanas, configuran la estabilidad del crecimiento económico mundial, lastrado por los frenazos de la Unión Europea –con avances limitados–, el arrastre de Japón y el ligero fortalecimiento de Estados Unidos (sigue leyendo en Avance del Tercer Mundo).
El poderío mercantil chino se sustenta sobre un crecimiento económico que supera, desde 1978, el 7 por ciento y recientemente llega a tasas de dos dígitos con enorme facilidad (2005, 2006 y 2007), rozándolas en muchos ejercicios (2008, 2009, 2010, 2011)[1]. Sin embargo, problemas concretos, muy contradictorios en ocasiones, se avizoran en el modelo de crecimiento de China:
¿Volvemos a las andadas? La economía sigue dando grandes bandazos. Hace pocos días, la alarma china asustaba a los mercados; todas las Bolsas cayeron y se produjo una fuerte sensación de desconfianza. La intervención decidida del Banco Central de China ha impedido que la caída se prolongue. El interés chino es evidente: sabedores de que son un poder económico en crecimiento, los gobernantes han usado las grandes herramientas de la política monetaria para dar una señal clave de fortaleza y, al tiempo, indicar a la Reserva Federal que no suba los tipos de interés para evitar males mayores. Las caídas en las cotizaciones, estimadas en unos cinco billones de dólares, han sido parcialmente cubiertas por generosas inyecciones de liquidez por parte de Pekín. En paralelo, las cifras del consumo interior en economías como la española y la norteamericana infieren otro corolario: el PIB crece y, en el caso de España, lo hace a tasas interanuales que superan el 3%. Las noticias serían muy positivas si existieran visos claros de que este crecimiento es robusto y sostenido en el tiempo. Esa es la cuestión: ¿estamos en una fase alcista o se trata sólo de un repunte coyuntural? Mi impresión va más en la segunda dirección. Varias consideraciones avalan esta idea:
La respuesta ortodoxa consiste en echarle la culpa al trabajador, por trabajar poco y ganar mucho (…) [Si nuestros precios se consideran] demasiado altos (…) el camino para rebajarlos es (…) la restricción del crédito.
Ahora bien, ¿qué significa esto en lenguaje llano? [El] problema es reducir los salarios monetarios y a través de ellos el coste de la vida, con la idea de que, cuando se haya completado el circuito, los salarios reales serán tan altos, o casi tan altos, como antes (…) Pero, ¿qué modus operandi consigue [que] se alcance este resultado?
Montoro presentó, eufórico, los PGE 2016, en un calendario inédito para que las cuentas públicas sirvan como plataforma electoral al PP. Su aprobación va a representar un lastre tremendo para quien gobierne la próxima legislatura. El discurso del ministro se urdió en un tejido de críticas constantes a la legislatura socialista, todo en clave electoralista. Estamos ante un verdadero ejercicio de multiplicación de panes y peces, sin tener para nada en cuenta la ejecución presupuestaria de 2015 y con la tesis subyacente de que el PP, y sólo el PP, va a ser capaz de tirar adelante un tren ya descarrilado. Veamos algunos datos relevantes.
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