Las acusaciones que se han vertido desde hace ya tiempo contra el equipo de Economía y Hacienda 2007-2011 y, particularmente, contra mi como conseller, en relación a la evolución de Sa Nostra, están presididas, a mi entender, por una falta de información. Y quiero ser generoso con esta calificación. Veamos.
El estallido de la Gran Recesión, a partir sobre todo de la caída de Lehman Brothers en septiembre de 2008, radicalizó todas las voces de alarma sobre el sistema financiero en general. Esta perspectiva se recoge, de forma fehaciente y con honestidad, en el reciente libro del entonces presidente de la Reserva Federal Ben Bernanke (El valor de actuar, Península, 2016), en el que se resalta, sin tapujos, que no se vio venir la crisis con la dimensión conocida después. La revista Fortune, por ejemplo, proclamaba, en agosto de 2007, que estábamos ante “el mayor boom económico de la historia”, una declaración a la que podríamos sumar muchas más que acompañaron las posiciones en política económica entre julio de 2007 y septiembre de 2008. “Nuestras previsiones resultaron erróneas –indica Bernanke–, porque no tuvimos en cuenta la posibilidad de que las pérdidas en las hipotecas subprime pudieran desestabilizar no sólo el sistema financiero de Estados Unidos, sino el sistema financiero mundial”.
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